David
Fernández: La "Iglesia" que resistió a
Pinochet. Historia, desde la fuente oral, del Chile que no puede
olvidarse. Madrid: IEPALA, 1996
La
superación del período de dictadura y violencia
en América Latina ha facilitado que en algunos países,
jóvenes intelectuales asuman el reto de reescribir e interpretar
la historia reciente en la que ellos mismos son de alguna manera
protagonistas. Tal es el caso de la presente obra de David Fernández,
basada en su Tesis Doctoral defendida en la Universidad de Cádiz
en 1995.
En
"La "Iglesia" que resistió a Pinochet",
David Fernández sistematiza acontecimientos políticos
y religiosos de los últimos 30 años en Chile y evalúa
las formulaciones teóricas desarrolladas por 36 líderes
y miembros destacados de la resistencia política que cuestionó,
a través de métodos no violentos, al régimen
dictatorial. Igualmente presenta valoraciones críticas
del rol ambiguo de la jerarquía eclesiástica frente
al dictador Pinochet.
Fernández
afirma que para la reconstrucción de la historia de la
Iglesia chilena durante la época de la dictadura se ha
permitido utilizar la fuente oral como la más importante,
"lo que nos ha permitido remirar la historia que se ha construído
sólo a partir del dicurso escrito, enriqueciéndola
con el aporte de aquellos cuyas voces no han sido retenidas por
las historias oficiales porque no tienen poder". Aclara su
opción afirmando que "la historia oral nos permite
rescatar del olvido, consciente o inconsciente, a los que son
marginados por sus opciones de liberación, y por lo tanto
son molestos (sic) para las autoridades establecidas, y a los
que son marginados por la galopante exclusión socioeconómica
que implanta el sistema capitalista".
David
Fernández proclama que a pesar de que pueden lloverle todo
tipo de acusaciones que pretendan desautorizar la calidad de su
investigación, él ha optado por mirar la historia
desde la realidad de los marginados, de los excluídos,
de los que no tienen poder, cuestionando el hecho que "la
historia lleva demasiado tiempo atada a las visiones unívocas
de los historiadores que miran desde el sistema dominante, y nos
han hecho creer que esa mirada es la "objetiva", la
"imparcial", la "Correcta", la "única".
Entre
los personajes que Fernández entrevistó para escribir
su "historia de la Iglesia que resistió a Pinochet",
se encuentran 23 laicos y doce sacerdotes
católicos
que a través de organismos de defensa de los derechos humanos,
o de medios de comunicación como las revistas "Mensaje"
y "Pastoral Popular" expresaron su solidaridad con aquellos
que sufrían la violencia de la dictadura militar, o promovieron
su culminación y el tránsito a una sociedad mas
o menos democrática. En el grupo calificado como la "base
de la fuente oral" conviene destacar al sacerdote jesuita
José Aldunate, carismático opositor al régimen
dictatorial, miembro del "Movimiento contra la Tortura Sebastián
Acevedo", así como al laico Fernando Aliaga, historiador,
miembro del "Servicio de Paz y Justicia". Otros líderes
que aportaron con su respuesta crítica a la dictadura,
y que brindan su testimonio en esta obra son los sacerdotes Alfonso
Baeza, Pablo Fontaine, Esteban Gumucio, y Ronaldo Muñoz,
quienes a través del Movimiento "Cristianos por el
Socialismo" alentaron en sectores de la juventud chilena
y especialmente en los pobladores de los barrios populares, la
militancia cristiana por la justicia y la paz, incluso hasta el
sacrificio de la propia vida.
Para
escribir esta historia, David Fernández entrevistó
a siete destacadas mujeres, líderes de organismos de derechos
humanos como Daniela Sánchez, Carmen Garretón y
María Luisa Sepúlveda, de la Vicaría de Solidaridad,
así como a Viviana Díaz y Sola Sierra (+) luchadoras
por la verdad y la justicia integrantes de la Agrupación
de Familiares de Detenidos Desaparecidos, de papel tan valioso
para el desmoronamiento del régimen de Pinochet.
La
presente obra del doctor David Fernández está estructurada
en cuatro capítulos: I: Del cristianismo de avanzada a
la "Iglesia" que resistió a Pinochet, II: Junta
militar y jerarquía católica: "poder versus
poder", III: Respuesta de la Iglesia católica ante
los atropellos de los derechos humanos: "Iglesia samaritana",
y IV: Respuestas de la Iglesia católica chilena ante el
sistema neoliberal impuesto: "Iglesia profética".
El listado de fuentes escritas y la bibliografía ocupan
cerca de 30 páginas.
El
autor aclara que "no todos los miembros de la Iglesia católica
resistieron a la dictadura. Una parte, la más integrista,
la defendieron; otros, en cambio, se mantuvieron en la ambiguedad
que hace cómplice. Además, la Iglesia católica
no monopolizó la resistencia al régimen militar",
aclarando enseguida que miembros de las iglesias protestantes
jugaron un papel importante en la resistencia a la dictadura.
Para la mayoría de los entrevistados por Fernández,
el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965 bajo el liderazgo
de Juan XXIII y Pablo VI, "es un acontecimiento eclesial
de repercusiones mundiales que marca un hito fundamental en la
historia de la Iglesia católica...que remeció las
anquilosadas estructuras eclesiásticas de cristiandad e
intentó ponerlas al día...rompiendo el hermetismo
rancio que la alejaba de la realidad, que la hacía ser
un ente al margen de la historia" (Pág. 43)
De
acuerdo a Segundo Galilea, "el Concilio influyó poderosamente
en la configuración de una nueva conciencia cristiana",
abriendo muchas posibilidades para un trabajo de formación
social y política orientada a la justicia y la solidaridad
dentro de las comunidades cristianas. A la influencia del Concilio
Vaticano II, David Fernández suma la influencia de la Revolución
Cubana en muchos miembros de las comunidades cristianas de base
que cumplirán un rol protagónico en la resistencia
a la dictadura.
David
Fernández asegura en esta obra que "un papel destacado
en toda esta elaboración sobre la marcha, al ritmo de los
acontecimientos, (de una acción revolucionaria) lo tendrá
la Compañia de Jesús", que a través
de su trabajo pedagógico buscaba "cambiar las mentalidades:
producir pensamiento y difundirlo para ir mermando los esquemas
de injusticia anquilosados en la mente de la mayoría".
Otro
acontecimiento importante para la vida de los cristianos católicos
de Chile y de América Latina será la II Conferencia
del Episcopado Latinamericano, celebrada en Medellín, Colombia,
entre agosto y setiembre de 1968, y que insistió en la
responsabilidad cristiana por construir la paz y la justicia social.
La interpretación de cristianos de base, como Jaime Escobar
es que: " Después de Medellin vino una explosión,
lo que llaman los teólogos una irrupción de los
pobres en la vida de la Iglesia." David Fernández
plantea aquí que "Medellín confirma e impulsa
el camino abierto por los "cristianos de avanzada" a
través de la "encarnación" en los sectores
populares y del discurso social cristiano radical, que va naciendo
en el contacto directo con la miseria de los sectores populares
chilenos y a través del análisis de las causas de
esa situación de "violencia estructural
Luego
de describir en los primeros capítulos el contexto eclesial,
el autor reseña el desarrollo de agrupaciones políticas
vinculadas a los sectores cristianos de izquierda, como el MAPU,
Movimiento de Acción Popular Unitaria, surgido tras una
escisión del partido demócrata cristiano. Según
Fernández, "el MAPU acabará jugando un importante
papel en la configuración de la Unidad Popular que logró
obtener la Presidencia para Salvador Allende".
Entre
los grupos de católicos que resistieron a Pinochet David
Fernández presenta al movimiento de "Cristianos por
el Socialismo", surgido en setiembre de 1971, y sobre cuyo
nacimiento el autor advierte que "abre una etapa de dos años
que ha marcado profundamente la historia de la iglesia chilena,
hasta el punto que la jerarquía todavía no ha terminado
de procesar el trauma que para ellos supuso este movimiento".
(Pág. 93). "Cristianos por el Socialismo", que
se convirtió en un movimiento generador de opiniones políticas
desde una base cristiana, fue acusado de crear división
en la Iglesia, pese a que esta ya existía desde mucho antes.
Hay
divergencias en la valoración del rol de Cristianos por
el Socialismo, en el cual, según algunos, se agruparon
sacerdotes que convivían con los pobladores y/o trabajaban
como un obrero mas para vivir. Según otros, "Cristianos
por el Socialismo" "fue un invento de los curas extranjeros
(norteamericanos, españoles, franceses, holandeses) que
siempre estaban intentando poner en práctica en países
ajenos lo que no podían realizar en los suyos", tal
como lo dijo Segundo Galilea. (Pág. 95). Para David Fernández
Cristianos por el Socialismo "no era un invento descarnado
de los curas extranjeros. Estos pertenecían al movimiento
en cuanto sacerdotes encarnados en medios populares, y no en cuanto
que eran extranjeros".
Respecto
al gobierno dictatorial, el autor sostiene que "El golpe
(de Pinochet) fue el instrumento utilizado por la burguesía
chilena y las multinacionales norteamericanas para que los sectores
pudientes de la sociedad recuperaran el poder político".
Después de explicar la represión de los militares,
que también afectó a dirigentes católicos,
como el sacerdote Joan Alsina, asesinado ocho días después
del Golpe, el autor recuerda que "la brutalidad de la dictadura
se dirigió también contra la barba, el pelo largo
y las mujeres con pantalones".
Fernández
describe brevemente la represión económica, asociada
a la implantación del neoliberalismo en Chile, que produjo
más pobreza y exclusión social. A continuación,
David Fernández analiza el rol de la jerarquía católica
durante la dictadura, en la que había quienes no podían
tolerar que la iglesia dejara de ser un poder dentro del país.
Ante el golpe de estado, según Fernández, la jerarquía
católica reacciona con una actitud muy ambigua, reconociendo
la legitimidad de la acción golpista de los militares,
ya que "el marxismo es un rival más peligroso para
el catolicismo que el neoliberalismo. En el neoliberalismo la
Iglesia puede jugar a tener su status de poder, entre otras cosas
porque el neoliberalismo nunca va a cuestionar el rol de una Iglesia
que es funcional a su ideología en la medida en que no
cuestiona en profundidad sus raíces de injusticia",
afirma. (pág. 137) El autor narra que a mediados de octubre
de 1973, incluso el cardenal Silva Henriquez "emprendió
un viaje a Roma para apaciguar al Papa Pablo VI, el cual tenía
pensado hacer una denuncia pública de las barbaridades
del régimen militar en Chile".
Más
adelante se explica que la iglesia oficial actuó según
un criterio de "populismo progresista, intentando combinar
con equilibrio la cristiandad tradicional con el progresismo social
moderado. Es en este contexto que se crean las entidades que se
encargarán de atender los problemas de violaciones a los
derechos humanos de la dictadura: el Comité para la Paz
en Chile, y la Vicaría de la Solidaridad, quienes gracias
a la habilidad de sus integrantes asumirán un trabajo de
defensa de los derechos humanos y denuncia de la situación,
que contribuyó al aislamiento internacional de Pinochet.
En
el tercer capítulo de la obra se describe el rol importantísimo
en la defensa de los derechos humanos del Comité para la
Paz en Chile, donde participó muy activamente el obispo
luterano Helmut Frenz, a quien después de sus denuncias
en el extranjero la dictadura le prohibió volver a Chile.
Aquí también se relata el surgimiento de la Vicaría
de la Solidaridad que reemplazó al anterior organismo.
Asimismo se explica el desarrollo de otros organismos católicos
como la Vicaría de Pastoral Obrera y el Movimiento contra
la Tortura Sebastian Acevedo, que con sus marchas de protesta
y sus denuncias desafiaron constantemente a la dictadura de Pinochet.
La
obra del Dr. Fernández concluye con el ensayo: "La
Iglesia en la transición: buscando su identidad",
en el cual se afirma que actualmente en la iglesia católica
chilena hay un repliegue y un retorno a las concepciones y prácticas
religiosas tradicionales, como parte de una involución
eclesiástica mundial. Este proceso "se intensificó
con la llegada de Juan Pablo II al papado, y está dando
lugar a una macrocefalia vaticana que quiere controlar cada suspiro
de cualquier católico".
Esteban
Cuya