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Samuel
Ruíz García, una vida en bien de las personas y de
los Pueblos
Adolfo
Pérez Esquivel
Agradezco la invitación
y el honor de presentar a Monseñor Samuel Ruiz en este acto
de reconocimiento a su larga labor en bien de los derechos de las
personas y los pueblos.
Hace un mes Don Samuel
viajó a la Argentina donde participó en diversas actividades,
dictando conferencias y sosteniendo reuniones con diversos sectores
sociales y religiosos. Siempre es una alegría el reencuentro
con otros amigos. Cuando Don Samuel se enteró que sería
yo quien lo presentaria en el día de hoy, me dijo: "
Bueno, bueno,...pero no mientas". Por lo tanto, antes de que
me aplique una penitencia, prometo decir la Verdad y nada nos que
la Verdad.
Conozco desde hace muchos
años a Monseñor Samuel Ruiz, he seguido su trayectoria
y compromiso junto a los pueblos, principalmente con los sectores
mas pobres y necesitados, en forma muy especial con los hermanos
indígenas. Su obra, como Sacerdote y Obispo de la Iglesia
Católica es suficientemente conocida, no solo en México
y América Latina, es también reconocida en diversas
partes del mundo. Por lo tanto no me voy a referir a los aspectos
mas generales y conocidos de la obra de monseñor Samuel Ruiz,
a su larga labor pastoral y Social como Obispo en la Diócesis
de San Cristóbal de las Casas, como la responsabilidad asumida
frente a los conflictos que surgieron en México y últimamente
en Chiapas, con la rebelión del movimiento indígena.
Quiero referirme a un
amigo, a un cristiano, a un hombre que trata de vivir coherentemente
la fe y el anuncio de la Buena Nueva, en el compromiso concreto
junto a los más pobres y necesitados, nuestros hermanos/as
indígenas, víctimas de las injusticias, la discriminación
y la explotación.
Don Samuel supo asumir
el anuncio y la denuncia reclamando el derecho de las personas y
los pueblos, la dignidad y el respeto que nos debemos unos a otros,
buscando, acompañando, escuchando y abriendo los espacios
para el diálogo y la resolución de los conflictos
que permitan encontrar los caminos de la paz, como fruto de la verdad
y la justicia.
Conozco a Don Samuel
desde hace varias décadas y en ese caminar de la vida compartimos
algunas situaciones que quisiera recordar en estos momentos, que
hacen referencia no sólo a la situación personal de
quienes protagonizamos esos hechos, sino a la vida y el caminar
de la iglesia en el continente latinoamericano.
Con el Papa Juan XXIII,
Vaticano II, y la Asamblea Latinoamericana de Obispos en Medellin,
Colombia, la Iglesia abre sus puertas y ventanas para que entre
la luz y sacuda el polvo de muchos siglos. Esta actitud y decisión
de profundizar desde dónde, los cristianos anuncian el Evangelio
y cuales son sus opciones, se inicia una profunda transformación
en la construcción de caminos de luchas y esperanzas en la
opción preferencíal junto a los pobres, desde la fe
y el compromiso social.
En el continente surgen
diversas voces proféticas que anuncian y denuncian la situación
de violencia e injusticias que vive la mayoría de los pueblos
latinoamericanos. Son las voces de los desposeídos, los sín
voz que van recuperando su protagonismo histórico, el sentido
de vida, de dignidad y esperanza en que es posible construir un
mundo mas justo y humano para todos.
En éste contexto,
como contraparte a los pueblos y su protagonismo en que dejan de
ser espectadores y se asumen como constructores de sus propias vidas
e historias, surgen con fuerza los mecanismos de dominación
en todo el continente, donde se impone la Doctrina de la Seguridad
Nacional, dónde preparan en la Escuela de las Américas,
en Panamá y en las academias militares de los EE.UU., a más
de 80 mil militares latinoamericanos entrenados para imponer las
dictaduras en todo el continente y con graves consecuencias para
la v¡da de los pueblos, que sufren el terror bajo la aplicación
de torturas, cárceles, asesinatos y desaparición de
personas.
Es un plan sistemático
de destrucción y sometimiento, cometiendo contra los pueblos
un genocidio que hasta el día de hoy estamos tratando de
superar, para que se logre la justicia, para que nunca mas vuelvan
a repetirse esas graves violaciones de los derechos humanos.
Guatemala es uno de
los países con el índice mas alto de violaciones de
los derechos humanos en toda América Latina, miles de personas
fueron victimas de la violencia, muchas tratan de salir del país
y tras largas marchas, buscan refugio en las fronteras de México,
otros intentan llegar a diversos países, como EE.UU. y Europa
para salvar sus vidas, las de sus familias y las comunidades.
En esta situación
dramática, grupos comunitarios, sobrevivientes de las masacres,
la mayoría mujeres y niños, tratan de salir, de llegar
a los campamentos de refugiados en la selva del Peten, en México,
en los campamentos Emiliano Zapata, Cuatro Pueblos, entre otros.
En uno de mis viajes
a la región, tuve la oportunidad de compartir con Don Samuel
y el ACNUR y los equipos de pastoral de la Diócesis de San
Cristóbal de las Casas, como con grupos internacionales,
la labor humanitaria que realizaban ayudando a los miles de guatemaltecos
refugiados en los campamentos del Peten. Entre tanto dolor y angustias,
también había lugar para la esperanza y la vida. Recuerdo
que Don Samuel en ese viaje celebró una boda en el campamento
que llevó la alegría y esperanza a las comunidades
indígenas.
El exilio de personas
de otros paises latinoamericanos, se producía individualmente,
y después trataban de reunirse con sus familias, los guatemaltecos
salían en grupos comunitarios, ya que las aldeas fueron arrasadas
por el ejército y masacrados en su mayoría, en particular
los niños, jóvenes y adultos. La ayuda y asistencia
humanitaria dadas a las víctimas fue una de las preocupaciones
pernanentes del Obispo Samuel Ruiz y del equipo de Pastoral de su
Diócesis, tratando que encuentren en México el espacio
necesario de protección y solidaridad .
En su pemanente preocupación
por la defensa de los derechos humanos y de los pueblos, junto a
otros obispos, sacerdotes y laicos, desarrolla una intensa acción
a través del Comité de Solidaridad con los pueblos
de América Latina, iniciando viajes a diversos países,
con grupos, y movimientos sociales cristianos y no cristianos, aportando
su reflexión y compartiendo la oración y el caminar
de la Iglesia.
Un hecho vivido intensamente
y que tal vez no se le ha dado la trascendencia que tuvo, -y tiene-
para la Iglesia y los pueblos, se produjo en el mes de agosto de
1976, concretamente el día 12, cuando se realizaba en Riobamba,
Ecuador, en la Casa de la Santa Cruz el Encuentro de Obispos Latinoamericanos
para compartir las experiencias pastorales y reflexionar sobre las
opciones y caminos de la Iglesia en América Latina. El anfitrión
del encuentro era el Obispo de la Diócesis de Riobamba Monseñor
Leonidas Proaño. Participé del encuentro junto a sacerdotes,
teólogos y asesores, acompañando a 17 obispos latinoaméricanos
y 4 de los EE.UU. hispano-parlantes.
El encuentro estuvo
marcado por acontecimientos que nos commocionaron a todos, el asesinato
del Obispo de la Rioja, Argentina, Monseñor Enrique Angelelli,
por la dictadura militar argentina, el 5 de agosto. Vivíamos
momentos difíciles y violentos en todo el continente y era
necesario saber cómo ayudar a los pueblos.
El encuentro se inició
invocando la memoria de Monseñor Angelellí. Sabíamos
que la reunión de obispos era observada por las autoridades
la dictadura militar ecuatoriana. Monseñor Leonidas Proaño,
Obispo de Riobamba era crítico a la situación que
vivía el país y un gran defensor de los derechos humanos,
en particular de los indígenas, víctimas de la represión
por las tierras, por los terratenientes y las autoridades provocando
muertes de los campes¡nos.
Estábamos reunidos
en grupos cuando un destacamento militar fuertemente armado, invade
la Casa de retiro, de la Santa Cruz y fuimos detenidos y llevados
al cuartel Militar en la Ciudad de Quito. Entre los obispos se encontraba
Monseñor Samuel Ruiz. Fueron momentos de fuerte unidad y
oración, muchos se preguntaban -¿sí esto pasa
con los obispos, que son reprimidos y llevados a prisión
-.¿Qué pasa con los pobres, con aquellos que nada
tienen y son víctimas de la violencia?. La reflexión
sobre la situación del continente, la represión desatada
contra los pueblos y la iglesia, marcaron una etapa en la escalada
de la violencia y del genocidio que implantaron las dictaduras en
toda América Latina.
La opción junto
a los Pobres, a los hermanos/as indígenas marcó el
caminar de la Iglesia de San Cristóbal de las Casas. Don
Samuel puso su palabra y compromiso en el anuncio y las denuncias
como en las acciones concretas de solidaridad y apoyo, en toda su
acción pastoral.
Cuando se desata el
alzamiento índígena en Chiapas, cansados de soportar
la violencia, humillación y exclusión social durante
siglos en México, la primera reacción del gobierno
es la represión pero gracias a la acción decidida
de la sociedad civil, de los grupos y movimientos solidarios y la
acción sostenida de Monseñor Samuel Ruiz, quien se
constituye en el interlocutor autorizado, para evitar que el conflicto
desemboque en la violencia y se llegue al diálogo de los
indígenas, con las autoridades regionales y nacionales, adquiere
una relevancia tanto a nivel nacional como internacional.
Una figura emblemática
surge entre el movimiento indígena, el Sub-comandante Marcos,
como Vocero y guía de las reivindicaciones indígenas.
La dificil tarea que Don Samuel asume es lograr llegar a negociaciones
que permitan resolver el conflicto y que se respete el derecho de
los indígenas a través de la Verdad y la Justicia
para alcanzar la Paz. Su prédica, decisión y resistencia,
ayudó a que la situación no se desborde en actos de
violencia, fue una acción equilibrada y serena que hasta
el día de hoy está tratando de encontrar una solución
definitiva sobre el derecho de los pueblos indígenas.
Don Samuel soportó
las calumnias, los ataques, como el efectuado contra su hermana,
víctima de la violencia de aquellos que pretenden continuar
la opresión contra los pueblos indígenas. A pesar
de todo, Samuel Ruiz nunca claudicó.
En reconocimiento a
su trabajo permanente en defensa de la vida y la dignidad de las
personas y los pueblos, lo he presentado como Candidato al Premio
Nobel de la Paz y al premio Fomento de la Paz de la UNESCO. Mas
allá de si se le otorga o no, creo que lo más valioso
es su dedicación como sacerdote, vivir la fe en el compromiso
y la oración junto a su pueblo y todos los pueblos.
Hoy Don Samuel continúa
su tarea serena y profunda, como Obispo Emérito de la Diocesis
de San Cristóbal de las Casas. Me sumo al homenaje que hoy
le brinda la Ciudad de, Nuremberg, a un hombre que es tetimonio
de vida era la defensa de los derechos humanos y un Pastor que desde
la fe, nos muestra los caminos de la Vida y la Dignidad.
Querido hermano, que
el Señor con su infinita bondad te continúe dando
fuerza y esperanza. Todos los que te acompañamos te damos
gracias por tu testimonio de Vida. Recibe el fraterno abrazo de
Paz y Bien.
Discurso ofrecido por
el autor en la Opera de Nuremberg el 16 de Setiembre del 2001, en
honor al Obispo Emerito de Chiapas Samuel Ruíz, al recibir
el Premio Internacional de Derechos Humanos. El Jurado del Premio
decidió invitar a Adolfo Pérez Esquivel a ofrecer
el discurso laudatorio en reconocimiento a los esfuerzos del Premio
Nobel de la Paz para que la verdad y la justicia lleguen también
a las familias de los desaparecidos alemanes en Argentina. En 1998,
a propuesta de Pérez Esquivel se creó en Nuremberg
la Coalición contra la Impunidad en Argentina, con sede en
nuestro Centro de Derechos Humanos/DIML.)
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