Asesinatos
de mujeres en Ciudad Juárez
Katya
Salazar (1), diciembre 2004
El
nombre de Ciudad Juárez ya está vinculado con los
asesinatos de mujeres. Desde 1993 casi 400 mujeres han sido asesinadas
en esa ciudad ubicada en el desierto, en la frontera con los Estados
Unidos. Diferentes historias, pero un elemento común: autoridades
misóginas, ineficientes y corruptas, y como consecuencia,
impunidad absoluta.
Pero
Ciudad Juárez es mucho más que una ciudad en el
medio del desierto, violenta y sin reglas -la ciudad de las mujeres
asesinadas. Es también una ciudad de oportunidades (un
trabajo en alguna de las maquiladoras de la ciudad (2)
o la posibilidad de cruzar la frontera). Colindante con las ciudades
norteamericanas de El Paso (Texas) y Las Cruces (Nuevo México),
forma con ellas -para efectos comerciales- una sola metrópoli
separada solamente por la frontera, con un intenso tráfico
diario de bienes y personas. Paradójicamente, mientras
El Paso es el centro comercial de la región y una de las
ciudades más seguras de los Estados Unidos, Ciudad Juárez
es la sede principal de la industria maquiladora en México
y tiene un elevado índice de criminalidad vinculado principalmente
al crimen organizado, el narcotráfico (recordemos el famoso
"Cártel de Juárez"), la prostitución,
el tráfico de drogas y de personas, entre otras actividades
ilícitas.
Para
entender a la Ciudad Juárez de hoy, debemos retroceder
hasta la Revolución Mexicana (1910-1917), cuando el país
quedó sumido en una grave crisis económica, política
y social, producto de la lucha por el poder. Para superar esta
crisis y aprovechando su ubicación en la frontera, se intentó
convertir a Ciudad Juárez en un gran centro turístico
de diversión nocturna -lugares de juego, bares- para mexicanos
y estadounidenses, quienes se convirtieron en sus principales
consumidores. A partir de 1965, con la implementación de
programas de promoción de la inversión extranjera
en la frontera, el desarrollo económico de Ciudad Juárez
se reorientó a la industria maquiladora, siendo actualmente
la principal fuente de ingresos y puestos de trabajo. Lamentablemente,
este modelo de crecimiento económico muy beneficioso para
los propietarios de las maquilas, se desarrolló
sin tomar en cuenta el capital humano que les permitía
obtener importantes ganancias con su mano de obra barata y sin
exigencias.
Por
distintas razones, durante los años 70 y 80, la oferta
de trabajo de la industria maquiladora se dirigió principalmente
a las mujeres, en un contexto de alto desempleo masculino. La
dinámica familiar empezó a cambiar y muchas mujeres
empezaron a sostener el hogar, lo que produjo un choque cultural
al interior de las familias, con hombres acostumbrados a ser los
proveedores y las mujeres encargadas del cuidado de la familia.
El consumo de alcohol creció de manera alarmante entre
los hombres y según algunas fuentes, Ciudad Juárez
se convirtió en la ciudad con el mayor índice de
madres solteras en México. Aunque estas circunstancias
no explican los crímenes que se han cometido en Ciudad
Juárez, es cierto que la independencia y el cambio de rol
asumido por muchas mujeres fueron en contra de ciertas tradiciones
mexicanas (algunas vigentes hasta ahora), lo que parece haber
exacerbado actitudes violentas en muchos hombres en contra de
las mujeres.
Ciudad
Juárez es también la ciudad del desarraigo y la
pobreza. Entre el 35 y el 50 por ciento de su población
(que casi alcanza el millón y medio de personas) no ha
nacido ahí sino que proviene de otros estados. Muchos llegaron
por las posibilidades de trabajo que ofrecía la industria
maquiladora y otros con la intención de cruzar -legal o
ilegalmente- la frontera hacia los Estados Unidos, y mientras
lo intentaban, se fueron instalando en la ciudad. Esta "población
flotante" aumentó considerablemente el número
de habitantes de la ciudad y ha creado "bolsones" de
pobreza, reforzados por la falta de una infraestructura urbana
y servicios públicos suficientes. Muchas de las mujeres
asesinadas en Ciudad Juárez pertenecían a este sector
social.
Los
crímenes y la respuesta del Estado mexicano
Aunque
no existe certeza sobre el número exacto (las cifras oficiales
no coinciden), podemos afirmar que entre 1993 y 2004, por lo menos
380 mujeres fueron asesinadas en Ciudad Juárez. Entre 100
y 130 de estos asesinatos fueron perpetrados con violencia sexual
y en por lo menos 90 casos, las víctimas no sólo
fueron violadas, sino que fueron mantenidas en cautiverio por
días y hasta semanas, tiempo durante el cual fueron sometidas
a terribles vejámenes y humillaciones, fueron torturadas,
violadas de manera reiterada por distintas personas y en muchos
casos mutiladas antes de ser estranguladas o asesinadas a golpes.
Estos últimos 90 casos (usamos un promedio, pues aquí
tampoco coinciden las cifras) son los llamados asesinatos "múltiples"
o "seriales", pues obedecerían a un patrón,
a un modus operandi similar.
Las
circunstancias que rodearon los asesinatos sin violencia sexual
son conocidas (violencia intrafamiliar, venganza entre pandillas
o bandas criminales, delincuencia común, etc.) y algunos
de los responsables han sido procesados. Pero curiosamente, mientras
más violencia contra la mujer presentaba el caso -me refiero
a los asesinatos "múltiples" o "seriales"-menos
interés mostraron las autoridades por aclararlos. Hasta
ahora, solo hay teorías para explicar la autoría
y motivación detrás de estos 90 casos, las que van
desde las más tradicionales (violencia familiar, ajuste
de cuentas entre narcotraficantes, asesinos en serie, psicópatas,
misóginos, etc.) hasta las más innovadoras (ritos
satánicos, tráfico de órganos, producción
de videos pornográficos snuff o violentos, necrofilia,
etc.). Lamentablemente, ninguna ha sido investigada de manera
seria por las distintas autoridades designadas a lo largo de los
años y comisiones ad hoc creadas para enfrentar
el problema. A pesar del movimiento de denuncia y la cantidad
de artículos, ensayos, libros, videos y hasta películas
que se han hecho sobre estos casos, la gran mayoría de
ellos (si no todos) continúa sin resolverse.
Pero
no es la cifra de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez
lo que más llama la atención (de hecho, el número
de hombres asesinados en esa ciudad es mayor, pero se conocen
las circunstancias en que se produjeron). Lo que aquí resulta
inaceptable es la incapacidad del Estado mexicano de resolver
estos casos, los que técnicamente no son muy complicados.
Es cierto que hay un problema social de violencia contra la mujer
que contextualiza y en muchos casos explica los asesinatos -de
ahí el concepto de feminicidio-, pero hay que decir
también que la respuesta de los funcionarios mexicanos
frente a los asesinatos ha sido insuficiente y misógina,
y en muchos casos cómplice y corrupta, lo que acarrea una
responsabilidad funcional que deberá ser aclarada y sancionada.
¿No
estamos exagerando?
Por
encargo de Naciones Unidas, una comisión de expertos internacionales
elaboró un informe donde se muestra claramente la ineficiencia
de las autoridades mexicanas en la investigación de estos
casos(3). Una de las principales constataciones
de este informe que coincide con el de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (4)-dos de los análisis
más serios realizados hasta la fecha- es que el clima de
violencia e impunidad que se vive en Ciudad Juárez, es
promovido por las propias autoridades al no realizar investigaciones
serias. Este círculo de impunidad empieza cuando los familiares
denuncian la desaparición y no son tomados en serio por
las autoridades, quienes muchas veces sugieren que la víctima
se habría ido con un novio y que ya regresará. Después
del hallazgo de varios cadáveres, autoridades de alto nivel
declararon ante la prensa que las víctimas usaban minifaldas,
salían a bailar, eran chicas fáciles o prostitutas.
Autoridades de Chihuahua declararon que: "Es importante notar
que la conducta de algunas de las víctimas no concuerda
con esos lineamientos del orden moral toda vez que se ha desbordado
una frecuencia de asistir a altas horas de la noche a centros
de diversión no aptos para su edad en algunos casos"(5).
Los
expertos constataron que cuando un cadáver era hallado,
no se protegía adecuadamente el lugar del hallazgo (cualquiera
podía caminar por ahí) ni se recogía correctamente
la evidencia (tiempo después se seguía hallando
ropa y restos humanos), la misma que no era sometida a las diligencias
mínimas requeridas para obtener información y llegar
a la verdad (toma de huellas dactilares y restos de sangre, búsqueda
de restos en la piel de la víctima, exámenes de
ADN, etc.). De la lectura de los expedientes se desprendían
algunas pistas que nunca fueron investigadas (por ejemplo, varias
de las víctimas estudiaban en la misma escuela de computación
o trabajaban en la misma maquiladora). Tampoco se entrevistaron
a testigos claves y personas del entorno de la víctima,
como amigos, familiares o la pareja sentimental, que podrían
haber proporcionado información relevante. En general,
no se utilizaron todos los medios que ofrece actualmente la ciencia
para conseguir elementos probatorios objetivos, y muchos expedientes
no pasaban de unas cuantas hojas.
Aparte
de las dilaciones injustificadas en los procesos, también
se comprobó graves abusos en la valoración de la
prueba realizada por los jueces. En el caso del egipcio Omar Latif
Sharif (uno de los 2 únicos condenados por los homicidios
seriales) la orden de prisión se sustentó únicamente
en la inculpación realizada por sus co-procesados en declaraciones
iniciales que luego no fueron ratificadas ante el juez. Las declaraciones
de estos co-procesados hacían mención a diversas
mujeres violadas y asesinadas, pero precisamente no mencionaban
el homicidio que se le imputaba a Latif Sharif. Para justificar
la prisión, la juez señaló que, ya que el
inculpado era imputado por sus co-procesados del homicidio de
otras varias mujeres "no es de extrañar que hubiera
hecho lo mismo con la hoy extinta"(6).
Pero
aún falta lo peor: en todos los expedientes examinados
por la misión de Naciones Unidas hay un patrón que
se repite: al momento de la declaración inicial, los inculpados
confiesan los crímenes que les son imputados y posteriormente,
en sede judicial, no se ratifican y denuncian haber sido maltratados
y torturados por los agentes policiales que participaron en su
detención e interrogatorio, siendo esta la razón
por la que "confesaron". Sin embargo, los jueces rechazan
estas denuncias de plano, no inician ninguna investigación
para esclarecerlas -a pesar de que en algunos casos están
acreditadas con certificados médico-legales, fotografías
y otros medios de prueba- y por el contrario, toman estas declaraciones
y confesiones como prueba plena en el proceso y base de la imputación
y eventual condena (7).
En
el caso de los procesados Gustavo Gonzáles y Javier García
(conocidos como "La Foca" y "El Cerillo"),
ambos denunciaron haber sido torturados para confesar su culpabilidad
en el asesinato de ocho mujeres. El juez rechazó sus denuncias
sin practicar diligencia alguna, a pesar de los informes médicos
extendidos por el servicio médico del penal al momento
del ingreso de los detenidos donde se acreditaban quemaduras múltiples
en los genitales, y las fotografías obrantes en el expediente,
en las que se podían apreciar las lesiones con claridad.
En febrero del 2002, el abogado de "La Foca" fue asesinado
por un comandante de la Policía Judicial del Estado, quien
dijo que se había tratado de una confusión. A pesar
de las denuncias, esta "confusión" nunca fue
investigada. Un año después, "La Foca"
falleció sospechosamente en el penal y en octubre de este
año, "El Cerillo" fue condenado a 50 años
de prisión por los ocho asesinatos(8).
Un mes después, una de las ex fiscales especiales para
los asesinatos de mujeres -quien viene siendo investigada por
su actuación negligente en estos casos- declaró
ante el Ministerio Público que las pruebas contra estas
dos personas fueron "fabricadas" por indicación
del Procurador y sub-Procurador de la zona norte del Estado. A
pesar de su gravedad, estas declaraciones no han motivado hasta
la fecha investigación alguna (9).
Conclusiones
Si
bien los asesinatos de mujeres deben ser entendidos en un contexto
mucho más amplio de fractura del tejido social, violencia
y desprecio contra la mujer en Ciudad Juárez, el fenómeno
no deja de tener un aspecto técnico-jurídico, donde
resalta el bajísimo nivel de las investigaciones realizadas
y la "creación" de culpables como respuesta a
la presión de los familiares y de la prensa. Después
de 10 años de asesinatos tenemos excelentes diagnósticos
y hasta nuevos conceptos -Feminicidio- pero no tenemos
respuestas a las preguntas básicas: ¿Quién
mato a mi hija, en qué circunstancias y por qué?
Como
respuesta a la presión nacional e internacional, el gobierno
federal ha venido nombrando diversas autoridades para enfrentar
el problema desde distintos ángulos. Entre ellas resaltan
la Fiscalía Especial para investigar los asesinatos de
mujeres, la Comisión para Prevenir y Erradicar la Violencia
contra la Mujer en Ciudad Juárez (creada por el Presidente
Fox) y la Comisión Especial para que Conozca y de Seguimiento
a las investigaciones relacionadas con los homicidios de mujeres
perpetrados en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde 1993 hasta
el día de hoy (perteneciente a la Cámara de Diputados
del Congreso Federal). Después de varios meses de trabajo,
la Fiscalía Especial ha promovido investigaciones administrativas
y/o penales para 130 funcionarios públicos por su desempeño
doloso o negligente en las investigaciones (por cierto, ninguna
de ellas por los asesinatos seriales). La Comisión para
Prevenir y Erradicar la Violencia contra la Mujer viene implementando
programas sociales de reconstrucción del tejido social
y apoyo a la mujer en Ciudad Juárez. La Comisión
de la Cámara de Diputados viene realizando un trabajo de
seguimiento, información y difusión. Todas labores
valiosas, pero que no tocan el centro del problema: los procesos
penales. Estos fueron y siguen siendo mal llevados, y si bien
es claro que la responsabilidad principal recae en las autoridades,
la ausencia de una representación legal adecuada de las
víctimas y sus familiares lo permitió y lo sigue
permitiendo. ¿Por qué en el marco de la labor de
estas Comisiones no se incluye el trabajo legal? ¿Por qué
no se apoya a los familiares de las víctimas con una buena
representación legal en el caso de su hija, esposa o madre
asesinada? Esperamos que se investigue y sancione ejemplarmente
a los funcionarios públicos señalados. Esperamos
que la situación de la mujer en Ciudad Juárez mejore.
Pero también esperamos que los procesos penales actualmente
en curso se desarrollen de una manera seria y que los procesos
olvidados o cerrados por falta de pruebas o por no haberse identificado
a la víctima, se reabran para ser investigados, esta vez
de manera profesional, utilizando todos los medios científicos
disponibles. Si con las técnicas que actualmente existen
es posible aclarar muertes ocurridas hace más de veinte
años, ¿por qué no se pueden aclarar estos
casos? Podemos intentar entender el problema social que vive Ciudad
Juárez pero mientras no hayan procesos judiciales bien
llevados que permitan conocer que pasó realmente con las
víctimas, porqué y quiénes fueron los responsables,
no terminaremos de entender qué es lo que pasó realmente
en Ciudad Juárez estos últimos diez años.
Notas:
1.Oficial de Programa, Fundación
para el Debido Proceso Legal (DPLF)
2. Ensambladoras pertenecientes a capitales
extranjeros que producen bienes a muy bajo costo aprovechando
la mano de obra barata, que luego son vendidos en el extranjero
a los precios del mercado internacional.
3. Informe de la Comisión de
Expertos Internacionales de la Organización de las Naciones
Unidas sobre la Misión a Ciudad Juárez, Oficina
de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, México,
noviembre 2003.
4. Situación de los Derechos
Humanos de la Mujer en Ciudad Juárez, México: El
derecho a no ser objeto de violencia y discriminación,
OEA/Ser.L/V/II.117, Doc. 44, 7 de marzo 2003.
5. sub.-Procuraduría de Justicia
del Estado Zona Norte, Informe de homicidios en perjuicio de mujeres
en Ciudad Juárez, Chihuahua, 1993-1998, citado por Julia
Monárrez Fragoso en: Feminicidio sexual serial en Ciudad
Juárez: 1993-2001, Debate Feminista, año 13, Vol.
25, abril 2002.
6. Informe de la Comisión de
Expertos Internacionales de la Organización de las Naciones
Unidas sobre la Misión a Ciudad Juárez, noviembre
2003.
7. Idem.
8. Para más información,
ver el Informe Anual 2004 de la organización Justicia para
nuestras Hijas.
9. Conversación telefónica
con la Dra. Lucha Castro, Directora de Justicia para nuestras
Hijas, 7/12/2004. Fiscalía Mixta para investigar los asesinatos
de mujeres.