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La lucha principal no es contra la pobreza existente, sino más
bien contra la injusta concentración de la riqueza
Samuel
Ruíz García
Estimados y Estimadas
amigos y amigas:
No puedo salir aún
de la sorpresa que recibí cuando se me comunicó la
noticia de que se me había asignado el Premio Internacional
Nuremberg de los Derechos Humanos 2001.
Experimento muy variados
sentimientos: Uno de ellos es el agolpamiento en mi mente de la
multiplicidad de acontecimientos trágicos y a la vez esperanzadores
que suceden en Chiapas y en mi País México. Otro es
el saber que una violación a los derechos humanos es, casi
por definición, la acción de unos seres humanos que
produce dolor en otros seres humanos. Esto hace que los derechos
humanos sean un tema actual y a veces desgarrador.
¿Cómo
trasmitir y expresar, en fin, todo el dolor, el horror, la angustia,
la indignación de un pueblo sometido a atentados a la integridad
física, tortura, desapariciones, privación ilegal
de libertad, hostigamiento e intimidación? ¿Cómo
visualizar el hostigamiento que impide realizar las tareas cotidianas
de ir al río a lavar, al monte por leña o al campo
a trabajar? ¿Cómo hacer entender, por ejemplo, lo
que está dentro del alma de los niños cuando al hacer
un dibujo lo primero que representan son aviones, helicópteros,
hombres disparando y personas muertas o heridas? ¿Cómo
olvidar la masacre de Acteal y el dolor inexpresable de las madres
que vieron morir a sus hijos acribillados, o el espanto de los niños
que se dirigían a los cuerpos inertes de sus padres que no
respondían a su llanto?
¿Cómo decir
el dolor que hay en los ojos tristes, hasta el día de hoy,
de esa mujer que perdió el mismo día, padres, hermanos
y sobrinos?
¿Podré
tener alegría en el corazón sabiendo que este reconocimiento
que hoy recibo supone todos esos inexpresables sufrimientos? No
puedo recibir esto hoy día, sin prometerme a mí mismo
continuar infatigablemente luchando por el reconocimiento de la
dignidad y los derechos humanos individuales y colectivos de los
pueblos indios. Reconozco, además, que el presente acto es
también un acompañamiento solidario de esta "Ciudad
de la Paz y de los Derechos Humanos" a las fatigas inagotables
de esos mismos pueblos.
Por todo ello, reitero
mi agradecimiento, a nombre propio y de los pueblos indios de México
y del Continente, a la ciudad de Nuremberg, a las Autoridades, al
Jurado y a los Organizadores de este evento.
1.- MARCO DE REFERENCIA
Quiero recordar el marco
de referencia más amplio, en el que se dan estos acontecimientos:
a.- Agresión
a las culturas.
Hay una agresión
a las culturas de los pueblos y una amenaza de su desaparición,
desde el momento mismo en que la Nueva España fue invadida
o conquistada. Las etnias y culturas diversas del Continente estaban,
desde ese instante, condenadas al sometimiento y, por ende, a su
gradual desaparición: O aceptaban estar sometidos a un poderoso
Rey que estaba en ultramar, o serían considerados como enemigos
de ese Rey. Y en la propia Evangelización, según las
categorías teológicas de la época, se impuso
la cultura occidental del Imperio, como vehículo de la expresión
de la fe cristiana; sin que hubiera mediado un mínimo diálogo,
entre el cristianismo y las religiones existentes antes del "descubrimiento
de Cristóbal Colón."
b.- Pronunciamiento
de Barbados.
No sin razón,
poco antes del Concilio Vaticano II (2-X-1962 8-XII-1965)los antropólogos
reunidos en la Isla de Barbados criticaban la acción de los
gobiernos y la acción de los misioneros como actividades
destructivas de las culturas y agregaban una nota crítica
a la propia actividad de diversos antropólogos. Juzgándose
que las propias culturas aborígenes eran incapaces de expresar
la nueva fe, se le dio impulso a la cultura occidental y se generó
una especie de esquizofrenia en el Continente; pues los aborígenes
para profesar su fe profunda tenían que hacerlo en una cultura
que no era la propia. Esta situación impulsó, en su
tiempo, a Fray Bartolomé de las Casas, O.P. a escribir su
obra de "único evangelizandi modo".
c.- Concilio Vaticano
II.
Ante las culturas indígenas
los agentes de pastoral asumen actitudes de asombro, de crítica
y también de rechazo. Pero al poco tiempo de vivir en medio
de las comunidades, perciben la enorme riqueza contenida en la herencia
milenaria de las concepciones que los pueblos tienen sobre Dios,
su acción creadora, sobre su actuar en la historia humana,
sobre su voluntad expresada de distintas maneras. Es decir: pronto
se descubre que las culturas tienen un valor teológico.
El Concilio Vaticano
II vino a darnos muchas respuestas que completaban y daban profundidad
a lo que los misioneros habían encontrado. Nos recordó
el Concilio que "aun en el presente estado del género
humano, Dios puede ser conocido por todos de manera expedita".
Esto nos hizo pasar de una actitud que juzgaba la práctica
religiosa indígena como supersticiosa e idolátrica,
a una actitud nueva en la que debe suponerse que algunas de sus
vivencias, son, con certeza, acercamientos a Dios y a su Plan de
Salvación.
Nos pareció claro
que es perfectamente posible, y está dentro de la voluntad
de Dios, el hecho de que los indígenas conservan en sus tradiciones
culturales y religiosas, elementos que conducen a Dios y a la aceptación
de su Plan Salvífico. Dios se puede revelar en eventos y
personajes de la historia, cultura y religión de los indígenas.
Como para Israel, también para los demás pueblos no
existen dos historias: una historia profana, nacional, "humana"
por un lado, y por otro una historia de salvación.
Los Padres Sinodales
nos dicen en el Concilio: "descubran con alegría y respeto
las semillas del Verbo escondidas en las culturas y tradiciones
de los pueblos" (Ad Gentes, 11.) Todo lo dicho nos condujo
en el Continente a que tuviéramos una actitud nueva hacia
los pueblos y culturas indígenas.
d.- Xicotepec de Juárez.
Con todo, no quisimos
dar pasos únicamente guiados por las luces teológicas
del Concilio; sino quisimos también ser ilustrados por el
juicio de la ciencia antropológica. En una reunión
de obispos y otros agentes de pastoral, (rechazada inicialmente
pero aceptada finalmente por los antropólogos), les preguntamos
si las culturas aborígenes del País estaban o no en
fase de desaparición para, según ello, prepararles
un epitafio o buscar la encarnación del Evangelio en ellas
y trabajar por el surgimiento de Iglesias Autóctonas (Cfr.A.G.
Passim).
e.- Habla el Aborigen.
Sin pretenderlo de una
manera explícita, la actitud nueva de los misioneros, favoreció
la manifestación emergente del indígena como sujeto
de su historia, en la conmemoración de los 500 años
del llamado "descubrimiento de América". De hecho,
en nuestro Chiapas, los aborígenes reconocen en esta nueva
actitud postconciliar, un momento histórico que les ayudó
a enfrentar la amenaza de muerte a sus culturas. Una generalizada
política en el País de asimilación de los aborígenes,
topó en numerosas ocasiones con la defensa que hicimos de
los Derechos Humanos individuales y colectivos.
2.- MEDELLÍN:
OPCION POR LOS POBRES
Los Pastores Latinoamericanos,
reunidos para la Conferencia General del Episcopado en Puebla, retomando
las opciones de Medellín, nos enseñan que la Iglesia
tiene una clara y profética opción preferencial y
solidaria por los pobres (Puebla 1134). Por el sólo hecho
de la pasión y muerte (de Cristo)
donde llegó a
la máxima expresión de la pobreza, los pobres merecen
una atención preferencial cualquiera que sea la situación
moral o personal en la que se encuentren (Puebla 1141 y s).
Entre las mayores dificultades
que existen para la implementación evangélica de la
opción preferencial por los pobres, señalamos que
no todos nos hemos comprometido suficientemente
con los pobres; no siempre
nos preocupamos por ellos ni somos solidarios con ellos (Puebla
1140). Incluso, por esta opción evangélica se han
sufrido hostilidades de otros que han llevado a que no pocos, incluyendo
también algunos jerarcas, hayan dado su vida por la defensa
de la justicia y la instauración del Reino de Dios.
Entendemos esta opción
por los pobres, a la luz de lo que proclamaba su Santidad Juan XXIII,
poco antes del Concilio Vaticano II "la Iglesia, en relación
con los países en vías de desarrollo, descubre lo
que es y lo que debe ser: la Iglesia de los pobres, es decir la
Iglesia de todos". Siendo por tanto la Iglesia, Iglesia de
los pobres, debe ésta, de tal manera transformar sus estructuras,
que pueda presentar de sí, "una imagen auténticamente
pobre, abierta a Dios y al hermano, siempre disponible, donde los
pobres tienen capacidad real de participación y son reconocidos
en su valor" (Puebla 1158).
3.-PROPUESTA DE LOS
EXCLUIDOS.
El sistema económico
globalizante se nos presenta como el último, el único
y el definitivo sistema económico; pues se asevera que todos
los otros que serían posibles, han sido ya históricamente
probados. La globalización ha acarreado un despojo sin precedentes,
como consecuencia de una rapidísima concentración
de la riqueza. Se han agudizado fenómenos tales como: la
automación en la industria que genera despidos masivos, desempleo
y empobrecimiento; el consumo ya casi exhaustivo de los recursos
naturales; la contaminación, que es ya una seria amenaza
para la supervivencia de la raza humana y del planeta mismo; se
aumenta la producción, mientras disminuye el mercado a causa
del desempleo y de la crisis económica; se incrementa la
deuda externa y también, a Dios gracias, las protestas y
la solidaridad del Primer Mundo con el Tercer Mundo.
Y entre tanto, (no por
compasión, sino para disminuir las contradicciones que se
generan), el sistema amplía la sombra protectora del paraguas
del Mercado, (fuera del cual no hay salvación), para que
abarque lo más posible a las clases desposeídas. Pero
al mismo tiempo se sabe de antemano, que el paraguas del Mercado
dejará a muchos sin cobijo, que ya no serán llamados
desposeídos, marginados o aplastados; sino excluidos, esto
es: destinados a la muerte, sin importar las diferentes argucias
o los nombres eufónicos que se les dé a los medios
que se utilicen. Pero lo que queda muy claro es que no se debe dar
la lucha contra la pobreza existente, cuanto más bien contra
la injusta concentración de la riqueza.
Pero aunque no se tenga
todavía una propuesta plenamente delineada, del tercer mundo
americano, africano y asiático se eleva un sordo clamor que
rechaza vehementemente este llamado "orden económico
internacional". En el Continente Latino Americano, los que
están en el piso bajo de la sociedad: los indígenas
de Ecuador, los de Bolivia, los de Guatemala, los de México,
levantan su voz ofreciendo los valores comunitarios de sus culturas,
para la transformación del sistema económico internacional
existente. Y, siendo anteriores al surgimiento de los Países
en el Continente, demandan el reconocimiento de su existencia como
Etnias o Pueblos diferentes, pero como pertenecientes a ellos.
«lo que queda
muy claro es que no se debe dar la lucha contra la pobreza existente,
cuanto más bien contra la injusta concentración de
la riqueza»
4.-INCIDENCIA Y COINCIDENCIA.
La lucha por el reconocimiento
de los pueblos aborígenes como tales, por la validez de sus
usos y costumbres, por sus derechos colectivos por su legítima
autonomía; tiene incidencia y coincidencia con lo que está
pasando en este mundo europeo con la presencia física en
él, de los diferentes grupos de inmigrantes de Asia, África
y América. Se dan también acá leyes migratorias
que parecen más bien responder a criterios de ganancia o
de discriminación racial, que a salvaguardar los derechos
y la dignidad humana.
Por eso el empeño
de Nuremberg, "CIUDAD DE LA PAZ Y DE LOS DERECHOS HUMANOS",
en cumplir con una encomienda histórica de contribuir a la
construcción de la Paz en el mundo, desde el respeto a los
Derechos Humanos; es algo que todos aplaudimos y secundamos.
+ Samuel Ruiz G.
Obispo Emérito
de S. Cristóbal de las Casas,
Chiapas. México
Discurso ofrecido por
don samuel Ruíz García el 16 de setiembre del 2001,
con ocasión de recibir el Premio Internacional de Derechos
Humanos de la ciudad de Nuremberg.
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