Situación Actual de los Derechos Humanos en Colombia[1]

 

 

Flor Alba Romero (*), abril 1999

 

Introducción

 

La situación de Derechos Humanos en Colombia, no obstante los cambios institucionales ocurridos desde la promulgación de la Constitución de 1991, continúa siendo crítica. En efecto, la generosa declaración de derechos y la creación de mecanismos de protección de éstos, así como la figura del Defensor del Pueblo, no han conducido a una reducción sensible de los niveles de violencia política ni de las violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario –expresadas estas en desapariciones forzadas, asesinatos, masacres y torturas- .

 

Naciones Unidas, a través del Comité de Derechos Humanos dijo lo siguiente:

 

”El Comité deplora que continúen en Colombia las violaciones patentes y en gran escala de los derechos humanos y que el nivel de violencia política y delictiva sea aún muy alto. En especial, el Comité deplora las ejecuciones extrajudiciales, los asesinatos, la tortura y otros tratos degradantes, las desapariciones forzadas y las detenciones arbitrarias llevadas a cabo por miembros de las fuerzas armadas, la policía, los grupos paramilitares y los guerrilleros. Al parecer, dichos actos están dirigidos expresamente contra los periodistas, los activistas de derechos humanos, los dirigentes sindicales y políticos, los maestros, los miembros de las poblaciones indígenas y los jueces”. [2]

 

Hoy, cuando la guerra se ha recrudecido afectando seriamente a la población civil y está en la mesa la discusión sobre un probable acuerdo de paz del gobierno con la insurgencia, es más urgente que nunca insistir en la importancia de respetar la vigencia de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

 

Los Derechos Humanos y el DIH en cifras

 

Las cifras sobre violaciones a los Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario aumentaron considerablemente. Según el informe del año 97 del Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del Centro de Investigación y Educación Popular –CINEP- y de la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz de la Conferencia de Religiosos de Colombia –CRC-, los datos son los siguientes [3] :

 

 Responsables de violación a los Derechos Humanos y al DIH

 

          76.8%             paramilitares

          18.6%             insurgencia

            4.4%              Estado

 

Número de víctimas de violaciones a los Derechos Humanos    

 

Ejecuciones extrajudiciales 1.213

Amenazas                                 343

Desapariciones                       192

Torturas                                     150

Heridos                                       95

Detenciones arbitrarias            52

Secuestros                                   9

Atentados                                     8

Responsables de infracciones al Derecho Internacional Humanitario  

          Paramilitares             1.156

          Insurgencia                    316

          Fuerzas Armadas           50

 

Responsables de masacres

 

          Paramilitares             84%

          Insurgencia                14%

          Fuerzas Armadas       2%

 

Violencia electoral

 

          Renuncia de candidatos     132

          Candidatos secuestrados   532

 

 

El paramilitarismo

 

Desde el año 1992 son los grupos paramilitares los responsables en la mayoría de masacres, secuestros, desapariciones y torturas ocurridos en el país. Aunque el gobierno colombiano insiste en negar que existe colaboración y relación entre los paramilitares y las Fuerzas Armadas y que más bien se trata de casos aislados, hay ya varias investigaciones que está adelantando la Fiscalía General de la Nación, que da cuenta de casos en los que están involucrados oficiales del Ejército.

 

Al respecto, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, expresó:

 

” El Comité está profundamente preocupado por las pruebas del apoyo militar a los grupos paramilitares. El decreto dictado recientemente, cuyo efecto sería legalizar el establecimiento de grupos civiles armados (las llamadas Asociaciones de Vigilancia y Seguridad Rural, CONVIVIR), agravaría al parecer esta situación.

 

... El Comité insta a que se adopten medidas apropiadas y eficaces para garantizar que los miembros del ejército, las fuerzas de seguridad y la policía respeten los derechos humanos. El Comité recomienda enérgicamente que se investigue y castigue el apoyo prestado por el personal militar o las fuerzas de seguridad a los grupos y operaciones paramilitares, que se adopten medidas de inmediato para dispersar a los grupos paramilitares y que se considere la posibilidad de revocar el decreto presidencial por el que se legaliza la constitución de Asociaciones de Vigilancia y Seguridad Rural.” [4]

 

Los paramilitares han logrado el control de más de la mitad de municipios del país; su fortalecimiento a nivel nacional es un hecho innegable. La situación del país reclama del gobierno la adopción de medidas urgentes para limitar las atribuciones de la Fuerza Pública y de los organismos de seguridad del Estado en relación con actuaciones de orden público en las que la población civil es víctima de abusos, y una verdadera política de persecución del paramilitarismo, que exigirá además una depuración de las Fuerzas Militares. Esto implica que quienes estén involucrados en la conformación de grupos paramilitares y violación a los derechos humanos deban salir de la institución.

 

El desplazamiento forzado [5]

 

La consecuencia inmediata del conflicto armado interno es el desplazamiento forzado de miles de personas. Desde la década del 80 este fenómeno se presenta en Colombia y se ha agravado en los últimos años.

 

La Conferencia Episcopal Colombiana y la Consultoría de Derechos Humanos sobre el Desplazamiento –CODHES-, sostienen que desde 1985 hasta la fecha se han desplazado 1.200.000 colombianos aproximadamente. Solamente en 1997 se desplazaron 206.460 personas.

 

Zonas como Urabá, Córdoba, sur de Bolívar, Putumayo, Chocó, Meta, Vichada, Santander del Sur han sido expulsoras. Bogotá y Medellín son las ciudades que más han recibido a los desplazados.

 

Los desplazados se convierten en expulsados de su propia tierra, anónimos en la ciudad, a quienes se le están violando sus más elementales derechos a la vivienda, a la educación, a la salud, al trabajo, a la libre locomoción. Pero no solamente tienen que sufrir la negación de sus derechos; además, deben soportar la discriminación y estigmatización por parte de autoridades y aun de la misma población. Un ejemplo es el rechazo a la reubicación de las 270 familias desplazadas de la Hacienda Bellacruz en 1996, por parte de la gobernación de Cundinamarca, argumentando que esta población es un factor de inestabilidad e inseguridad para la región.

 

Ante la gravedad de la situación ha habido una limitada actuación del gobierno nacional; no se ha atacado el problema de raíz, persiguiendo a los grupos paramilitares y las ayudas estatales, que fueron de $62.000.000 en el primer semestre de 1998, solo han cubierto el 3% de los desplazados. La Consejeria Presidencial para los Desplazados informó que en el año 97 atendió a 34.966 desplazados.

 

Aunque la Iglesia Católica y otras iglesias, junto con organizaciones no gubernamentales, han realizado una importante labor de apoyo humanitario a los desplazados, estos esfuerzos no son suficientes ni pueden reemplazar la obligación del Estado.

 

Convendría entonces una propuesta de atención integral a los desplazados, con la concertación de instancias gubernamentales y no gubernamentales. Para el caso de los desplazados que no tienen condiciones de seguridad para retornar a su lugar de origen, habrá la necesidad de contar con un plan que cubra sus necesidades básicas: vivienda, salud, trabajo, educación.

 

Para quienes se reubiquen en zonas agrarias, la asignación de predios tendrá que hacerse con procedimientos rápidos, ayuda humanitaria mientras se estabilizan, garantías a su participación en los proyectos productivos y recursos de crédito.

 

Para la eficacia de una política de atención integral a la población desplazada por la violencia política habría que tener en cuenta:

 

·        Prevención de las causas que la originan

·        Atención humanitaria de emergencia

·        Diseño de soluciones duraderas, teniendo en cuenta la dignidad, seguridad y voluntariedad de los desplazados.

·        Atención de los éxodos masivos y de los desplazamientos familiares y/o individuales.

·        Coordinación del gobierno con las organizaciones no gubernamentales, las iglesias y la academia para el diagnóstico y la atención del problema

·        Concertación de políticas con los gobiernos territoriales en las zonas afectadas

·        Diseño de un plan prioritario de recuperación psicosocial.

·        Formación de funcionarios en Derechos Humanos, DIH y Derecho Internacional de Refugiados.

 

Según las Naciones Unidas, a los desplazados hay que restituirles sus derechos violados y otorgarles garantías de no repetición e indemnización. 

 

La impunidad

 

Se suma a esta situación la ineficacia del sistema de justicia reflejado en los altísimos niveles de impunidad, que para el caso de los Derechos Humanos es del 90%, según la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

 

Para el caso de los miembros de la fuerza pública involucrados en violaciones a los Derechos Humanos, la Justicia Penal Militar se ha convertido en factor de impunidad, que se constata en las decisiones de exonerar de responsabilidad a los militares responsables. Al respecto se expresó El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas:

 

”El Comité toma nota con gran preocupación de que la impunidad sigue siendo un fenómeno difundido y de que el Consejo Superior de la Judicatura ha ampliado el concepto de actos relacionados con el servicio a fin de permitir que muchos casos de violaciones de los derechos humanos por las fuerzas militares y de seguridad se transfieran de la jurisdicción civil a la militar. Eso fortalece la institucionalización de la impunidad en Colombia porque la independencia e imparcialidad de esos tribunales son motivo de graves dudas. El Comité desea señalar a la atención que el sistema penal militar carece de muchos de los requisitos enunciados en el artículo 14, como se observa en las enmiendas al artículo 221 de la Constitución, que permite que los oficiales en servicio activo sean miembros de tribunales militares, y en el hecho de que los militares tengan derecho a aducir en su defensa el cumplimiento de órdenes superiores”. [6]

 

Por su parte la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Informe Anual de 1996 [7] , expresó:

 

”En 1996, los problemas de la impunidad y la denegación de justicia continuaron siendo importantes en Colombia. En junio de 1996, el Consejo Superior de la Judicatura informó que entre el 97% y 98% de todos los delitos quedan impunes y que el 74% de los delitos no son denunciados. Según información de la Policía Nacional, el 90% de todos los delitos quedan impunes. Los observadores de los derechos humanos afirman que virtualmente el 100% de todos los delitos relacionados con la violación de los derechos humanos quedan impunes. La Comisión observó que muchas investigaciones no fueron iniciadas efectivamente hasta mucho tiempo después de que ocurriera la violación y muchas otras se quedaron estancadas años después de haberse iniciado la investigación.”

 

Lo anterior plantea la necesidad de restringir la competencia de los tribunales militares para someter a los tribunales civiles la investigación y el juicio de las violaciones de derechos humanos. Así mismo, debe reforzarse el sistema judicial para hacerlo más eficiente y acorde con los lineamientos internacionales en esta materia.

 

La persecución a los defensores de Derechos Humanos

 

La labor de defensa de los derechos humanos en Colombia se ha tornado peligrosa. Quienes son responsables de violaciones ven en los defensores y defensoras una instancia fiscalizadora que les incomoda y limita. Desde 1996, han sido asesinados 24 defensores de los Derechos Humanos, -entre los cuales se encuentran Josué Giraldo, Mario Calderón, Elsa Alvarado, Jesús María Valle, Eduardo Umaña Mendoza; otros 20 están amenazados y 15 se encuentran en el exilio. Algunos de ellos han sido declarados objetivo militar por parte de los paramilitares.

 

Al respecto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló:

 

” Los ataques contra personas que trabajan en el campo de los derechos humanos, partidos políticos de alternativa o los tradicionales, autoridades electas a nivel local y sindicalistas continuaron en 1996.

 

... La Comisión insta al gobierno de Colombia a que encuentre y adopte medidas de protección eficaces para los individuos que trabajan en el ámbito de los derechos humanos y otros grupos amenazados... [8]

 

Ante esta situación, las organizaciones de Derechos Humanos han exigido al gobierno nacional protección a su labor legítima. Aunque se creó un programa de protección, éste ha tenido un lento desarrollo y las medidas urgentes que prometió el gobierno tomar, se han adoptado solo parcialmente.

 

Urge entonces que haya eficacia en las medidas a tomar para proteger la vida de quienes han asumido en el país esta difícil tarea, pero también en las investigaciones sobre los responsables de los asesinatos de estos defensores de derechos humanos.

 

La crisis carcelaria

 

La crisis carcelaria ha llegado a extremos preocupantes. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas expresó en el año 97:

 

”El Comité expresa su preocupación ante las terribles condiciones de las cárceles, incluido ante todo el grave problema del hacinamiento en los lugares de detención, así como el hecho de que hasta la fecha no se haya adoptado medidas para resolver ese problema.

 

... El Comité destaca la obligación del estado parte, con arreglo al artículo 10 del Pacto, de velar porque se mantenga a todas las personas privadas de su libertad en condiciones humanitarias y se les conceda el respeto debido a la dignidad inherente a su condición de persona humana. En particular, en relación con el problema del hacinamiento, el Comité sugiere que se examine la posibilidad de adoptar medidas distintas de la prisión que permitan que algunas personas condenadas cumplan sus sentencias en la comunidad, y que se asignen mayores recursos a la ampliación de la capacidad y el mejoramiento de las condiciones de las instituciones penitenciarias”.

 

El país cuenta actualmente con 167 cárceles para albergar 28.000 internos. La realidad es que hay actualmente 43.221 reclusos, lo que muestra el grado de hacinamiento en los centros de reclusión; el total de internos es custodiado por 6.000 guardianes.

 

Por otra parte, hay 3.500.000 de expedientes en los juzgados, en espera de una decisión, lo que nos hace inferir que la ineficacia del Estado afecta el derecho de toda persona acusada de un delito a un pronto y debido proceso [9] .

 

Desde el año pasado se sucedieron más de un centenar de mitines y tomas de las cárceles por parte de los reclusos, reclamando el respeto a sus derechos y contra el hacinamiento en el que viven. En muchas de estas ocasiones la respuesta del Estado fue represiva costando la vida a algunos de los internos.

 

La crisis carcelaria podrá ser superada en la medida en que se derogue la Justicia Regional –que se desmontará en junio de 1999-, se erradique el criterio peligrosista en el sistema penal, se aborden los problemas de la igualdad ante la ley, se recalque en los derechos humanos de los reclusos y se controle la elevada corrupción administrativa.

 

A manera de conclusión

 

La situación de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario en Colombia es muy grave. Tanto las Naciones Unidas como la OEA, luego de visitas ”in loco” y de reuniones con funcionarios del gobierno, de organismos no gubernamentales y de víctimas, han expresado su preocupación y han elaborado observaciones y recomendaciones que no han sido tenidas en cuenta totalmente por el gobierno colombiano.

 

Aunque hay aspectos positivos de reconocimiento de los derechos humanos, hay una gran distancia entre la ley escrita y la realidad.  No se compadecen la cantidad de leyes de protección y herramientas legales de defensa con su aplicación práctica y efectiva.

 

Teniendo en cuenta que los responsables de las principales violaciones a los Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario son los paramilitares, es urgente que el Estado colombiano actúe en su persecución y procesamiento, incluyendo a los miembros de las Fuerzas Armadas involucrados con aquellos.

 

Aunque el gobierno del Presidente Pastrana ha adelantado acercamientos con los actores armados y ha expresado el deseo de sentarse con ellos en la mesa de negociación, aún no se conoce el plan en materia de Derechos Humanos.

 

Ante el recrudecimiento de la guerra, convendría un acuerdo de tregua que minimice el costo en vidas humanas que actualmente estamos viendo. Los actores armados además deben dar muestras de humanidad y de aplicación del Derecho Internacional Humanitario.

           

Es muy importante la veeduría y el acompañamiento internacional, no solo para el proceso de paz sino para el monitoreo y observación en materia de Derechos Humanos y de Derecho Internacional Humanitario.

 

(*) Docente Derechos Humanos, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia.


[1] Ponencia presentada en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Katholische Universität Eichstätt, Alemania, el 23 de noviembre de 1998.

[2] Ver ”Examen del Comité de Derechos Humanos al cuarto informe periódico presentado por Colombia, 59 periodo de sesiones, 9 de abril de 1997”, en la publicación CONTRA VIENTO Y MAREA, editada conjuntamente por la Defensoria del Pueblo y la Comisión Colombiana de Justicia, Tercer Mundo Editores, Santafe de Bogota, diciembre de 1997.

[3] Ver Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política, Balance 1997, Noche y Niebla, Separata Especial, Santafé de Bogotá, Enero de 1998.

[4] Examen del Comité de Derechos Humanos al cuarto informe periódico presentado por Colombia, 59 periodo de sesiones, 9 de abril de 1997.

[5] Ver propuestas para una nueva política sobre el desplazamiento interno por la violencia en Colombia”, documento presentado por el grupo interinstitucional conformado por la Conferencia Episcopal de Colombia, el Programa por la Paz, el Servicio Jesuítico para los Refugiados, el Grupo de Apoyo a Organizaciones de Desplazados –GAD-, la Organización Internacional de Migraciones, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados –ACNUR- y las Universidades Javeriana y Nacional, al Ministro del Interior, Dr. Nestor Humberto Martínez Neira, en octubre de 1998.

[6] Examen del Comité de Derechos Humanos al cuarto informe periódico presentado por Colombia, 59 periodo de sesiones, 9 de abril de 1997.

[7] Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe anual, 1996, OEA/Ser.L./V/II.95, Doc. 7 rev., 14 de marzo de 1997, Secretaria General, Organización de los Estados Americanos, Washington, D.C., 1997, p. 681 a 701.

[8] Obra citada

[9] Ver Actualidad Colombiana, Boletín Informativo, Santafe de Bogota, septiembre de 1998.