Método
En febrero de 1993 tuve la oportunidad
de volver a visitar a mis entrevistados originales en Alemania.
Después de leer la versión francesa de mi libro “Legado de silencio”
(Bar-On; Eshel, 1991) dos jóvenes periodistas franceses de una
agencia independiente me pidieron que vuelva a entrevistar a
algunas de las personas que aparecen en el libro para preguntarles
acerca de los últimos acontecimientos en la sociedad alemana.
Después de leer algunos de los
primeros trabajos de esos periodistas (y clarificar sus intenciones),
obtener el permiso de los entrevistados, y acordar cuestiones
formales (que las entrevistas se llevarían a cabo únicamente
con la presencia del autor y que los entrevistados podrían leer
y censurar los artículos y las fotografías antes de la publicación),
los periodistas y yo empezamos nuestro viaje por Alemania y
entrevistamos a doce de los entrevistados originales.
Algunos de ellos han mantenido
un contacto regular conmigo a lo largo de estos años. Eso ha
pasado sobre todo con los participantes del grupo alemán de
auto-ayuda, que se ha venido reuniendo cada 2 ó 3 meses desde
1988. Este grupo se formó durante una conferencia en Wuppertal,
en la que fueron presentados los resultados iniciales de mi
investigación (Bar-On, Beiner & Brusten, 1988). En esa conferencia
ellos tuvieron la oportunidad de verse por primera vez y encontrarse
con algunos descendientes holandeses de colaboradores de los
nazis que habían establecido su propio grupo de auto-ayuda en
1981 (Scheffel-Baars, 1988). A partir de ese momento, empezaron
a reunirse como grupo guiados por un psicoanalista profesional
(Hardtmann, 1991). Sin embargo, después de un tiempo, ellos
prefirieron continuar solos como un grupo de auto-ayuda.
Fueron entrevistados por la periodista
inglesa Gitta Sereney en enero de 1990 y mas tarde por el equipo
del programa “Sesenta minutos” de la CBS, durante la guerra
de Golfo, en febrero de 1991. Como estaban descontentos con
los informes periodísticos y profesionales que se habían hecho
sobre el grupo y su trabajo, decidieron escribir y publicar
la historia del grupo tal como ellos mismos la percibían. Esta
ha sido publicada como capítulo final de la edición alemana
de “Legado de Silencio” (Bar-On; Campus Verlag, 1993). En junio
de 1992 se reunieron por primera vez con un grupo de descendientes
de sobrevivientes del Holocausto que venían de los Estados Unidos
y de Israel. Esos encuentros se focalizaron en las siguientes
preguntas:
1.
Cuándo y de qué manera averiguó
que su familia estuvo vinculada al Holocausto?
2.
Cómo manejo la marginación social
y el autoaislamiento originados en este vínculo?
3.
¿Ha experimentado desarraigo físico
o psicológico como producto de este vínculo?
4.
¿Puede identificarse con la víctima
y el victimario? pueden hablar entre ellos? que es lo que dicen?
5.
¿Es usted capaz de empezar su propia
vida, independiente (ni dependiente ni totalmente al margen)
de sus padres y de su reconocimiento social?
6.
¿Cómo y cuándo se enfrentó al tema
de la vida y la muerte en su propia historia?
Sólo seis de los entrevistados
originales han participado regularmente en el grupo. Con algunos
mantengo correspondencia y sólo con muy pocos no ha habido contacto
desde las entrevistas iniciales entre 1985-1988. Cuando los
contacté excepto uno, todos deseaban ser nuevamente entrevistados
por los periodistas franceses bajo las condiciones mencionadas
antes.
Durante las reuniones la periodista
francesa (Stephanie Cascino) condujo entrevistas semi-estructuradas
en un alemán fluido. El fotógrafo (Nikola Reynhard) no entendía
alemán y sentado aparte, observaba sobre todo el lenguaje del
cuerpo. Yo, como observador, tuve la posibilidad de recibir
tanto la información verbal como la no-verbal de las entrevistas.
Fue una manera muy especial de volver a encontrarme con mis
entrevistados y evaluar qué había pasado con ellos desde la
última entrevista. Esto se volvía aún más interesante a la luz
de recientes acontecimientos en Alemania (reunificación, manifestaciones
y asesinatos xenófobos).
La
presentación personal de los entrevistados alemanes
Lo que viene a continuación son
algunos de los principales temas que surgieron en estas entrevistas.
Seis de las personas entrevistadas eran miembros del grupo de
auto-ayuda. Ocho de las personas aparecieron en “Legado de silencio”
(Bar-On, 1989a) Un análisis de las entrevistas con Hiltrud (quién
no esta incluida en el libro) apareció en un artículo separado
(Rosenthal y Bar-On, 1992). Aunque hubo diferencias interesantes
entre las entrevistas originales y éstas, va mas allá del alcance
de este trabajo tocar este aspecto en detalle.
Renate (“Legado
de Silencio”, capítulo 11) escuchó por primera vez acerca del
rol que tuvo su padre en el proceso de exterminio cuando tenía
18 años. El fue arrestado en 1961 y juzgado por crímenes que
había cometido mientras estuvo a cargo de un grupo especial
de operaciones durante la guerra. Estuvo cuatro años en prisión.
Entonces él le dijo: “ahora tú no podrás estudiar en la universidad”.
Renate cree que ella reaccionó frente a esta difícil situación
yéndose de casa, estudiando derecho, casándose, teniendo un
hijo y apoyando ideologías de izquierda durante la revolución
estudiantil. Ella dice: “ahora pienso que muchas de las piedras
que tiré a la policía estaban en realidad dirigidas contra mi
padre”. Sin embargo, ella pudo discutir arduamente con él sobre
ese tema, como nadie más pudo en su familia. Lo mas duro para
ella fueron sus palabras: “todo lo que hice entonces lo hice
solo por tí y tus hermanos”. Su padre nunca asumió ninguna responsabilidad
ni tuvo sentimientos de culpabilidad o vergüenza por los actos
tan atroces que cometió. El solo se quejó por el hecho que él,
como policía, “tuvo que perder su tiempo con esos criminales”.
Renate fue la única persona en su familia que reprochó a su
padre. Su madre trató de suicidarse después que su marido fue
puesto en libertad y tuvo una fuerte depresión por muchos años
hasta su muerte. Su hermana fue la “niña bonita” de su padre
y nunca le reprochó nada. Su hermano, que fue quien más sufrió
la rigidez paterna, no puede establecer una vida estable. Renate
se divorció a los pocos años de haberse casado y ha tenido dificultades
para establecer relaciones estables. Ella llegó a nuestra entrevista
inicial casi por coincidencia: estaba viajando a Francia en
bicicleta con un amigo. Hicieron un alto en el camino y su amigo
le sugirió que me viera, un entrevistador interesado en “recuerdos
de familia sobre el III Reich”. Yo era el primer israelí con
el que ella hablaba y el primer extranjero a quien ella le contaba
la historia de su padre. Después de la entrevista ella se sometió
a una terapia. Cuando nos encontramos por segunda y tercera
vez ella estaba en una etapa de reconocimiento del efecto que
el pasado había tenido en su vida y en su historia. Hoy, ella
asocia la decisión de ir a una terapia a la crisis en la que
entró cuando su hija, a los 18 años, dejo la casa y se fue a
estudiar a otra ciudad.
Renate vino a la conferencia en
Wuppertal y se unió al grupo de auto-ayuda aunque debido a la
distancia no asistió a muchas reuniones. En junio de 1992 participó
en el taller con los hijos de los sobrevivientes y planea venir
a los siguientes. El taller de junio fue un mes antes de que
ella se volviera a casar. Renate cree que la terapia a la que
se sometió por casi siete años le ayudó a trabajar la relación
con su padre y a establecer una nueva relación de pareja. Ella
dice: “fue una suerte que mi terapeuta fuera sensible con el
impacto que tuvo el pasado nazi en mi vida”. Ahora ella podría
hablar con su padre, ahora incluso puede sentir su amor por
él. Sin embargo esto es aun muy doloroso para ella y podría
mantenerse siempre así.
Renate es muy pesimista sobre la
situación actual en Alemania. Ella siente que muchos de los
antiguos patrones de pensamiento, especialmente aquellos de
la superioridad de la raza aria y el odio racial están todavía
en la mente y corazón de la gente.
Renate teme que la caída del bloque
comunista haya traído caos y nihilismo a las sociedades europeas.
“No hay nada positivo en no creer en nada más ni socialismo
ni capitalismo”.
Monika (“Legado de Silencio”, capítulo 12) nació fuera del matrimonio
y estuvo tres años en un “Lebensborn”
[5]
hasta que su madre la recogió y se la llevó a casa.
Le tomó varios años averiguar que su padre había sido uno de
los peores criminales del régimen nazi. El fue ejecutado por
los rusos inmediatamente después de la guerra por su rol en
la exterminación de los judíos y comunistas en la región de
Riga. Durante su persistente búsqueda de más detalles acerca
de su padre -búsqueda que realizó sola pues su madre no quiso
ayudarla y siempre negó todo- fue a Riga (en ese momento, aún
URSS) donde trató de obtener mas información acerca de su padre
de la gente que lo había conocido. En esa época Monika conoció
también a un estudiante de doctorado que le habló de mí y nos
encontramos en varias oportunidades entre 1985 y 1988. Monika
es profesora de una escuela especial donde alumnos con problemas
estudian en la misma aula con alumnos promedio y hasta con especialmente
dotados.
Monika tuvo una mala experiencia
con un terapeuta que: “no quiso hablar acerca del rol que tuvo
mi padre durante el período nazi porque eso no tenia nada que
ver con mis problemas”. Sin embargo, un tiempo después, ella
se unió a una comunidad terapéutica en Schwartzwald -Selva Negra-
que la ayudó a tener más auto-confianza. Monika aceptó ser filmada
en 1987, junto con Hiltrud (ver mas abajo). Fue a la conferencia
de Wuppertal y se unió al grupo de auto-ayuda con el cual tuvo
una relación ambivalente. Por ejemplo, no accedió a firmar el
capítulo que explicaba el proceso del grupo (en la edición alemana
del libro) pues éste “no reflejaba exactamente” su historia”.
Monika se contactó con uno de sus medio-hermanos de quien escuchó
nuevos detalles sobre su padre. Recién en ese momento pudo decir:
“ahora puedo dejarle (a mi padre) estar cerca de mí. Ya no siento
ni miedo ni fascinación por él, ni siento que sus atroces partes
estén en mí de una forma misteriosa. Yo soy otra persona y quiero
vivir mi propia vida”.
Monika también asistió al taller
en 1992. Una tarde ella mostró una película hecha algunos meses
atrás por la BBC sobre ella y su padre, en el que su madre también
aceptó participar. Monika aún no ha dado su consentimiento para
que el filme sea proyectado en Alemania ya que “quiere ser capaz
de manejar su propia vida privada”. Ella fue la participante
alemana de la conferencia de junio que más activamente trabajó
con los medios de comunicación, el medio académico, etc. Ella
sintió que los participantes alemanes habían sido maltratados
por la CBS y por Gitta Sereney y quiso cuidar que esto no ocurra
nuevamente. Recientemente, Monika ha sido designada responsable
de la asociación que los participantes alemanes establecieron
en el encuentro de junio. Adicionalmente, ella trajo a Catherine
Clay de la BBC (la productora del filme sobre ella y su padre)
quien planea hacer una película del próximo encuentro del grupo
en Israel. La sensibilidad y paciencia de Catherine ayudaron
a Monika a participar en el primer filme y superar algunos momentos
realmente difíciles, como por ejemplo un encuentro en Riga con
un judío ex-prisionero de su padre. Monika fue menos abierta
que Renate al hablar de los actuales acontecimientos en Alemania.
Bernd (“Legado de Silencio”, capítulo 8) es el hijo mayor de
uno de los más importantes líderes nazis. Nació en 1930 y creció
en una “especie de ghetto” (según sus propias palabras) para
la jefatura nazi en Berchtesgarten. A los diez años fue enviado
a un internado de la SS debido a sus bajas notas en el colegio.
En esa escuela, muy lejos de casa, el vivió la caída del III
Reich y la muerte de sus líderes. Ocho de los jóvenes que estaban
a su alrededor se suicidaron durante esos días. El también pensó
en suicidarse hasta que las conversaciones con un amigo lograron
disuadirle. Estuvo muy enfermo y los dos años siguientes vivió
con una familia de campesinos austriacos en los Alpes Tiroleses.
“ellos eran verdaderos creyentes en Dios y eso me ayudó a decidir
mi ingreso a la Iglesia Católica”. Bernd se hizo sacerdote.
En esos momentos también conoció de los masivos crímenes que
el régimen nazi había cometido. Se fue a un monasterio en África
donde tiempo después enfermó gravemente y luego tuvo un accidente
de carretera. Más tarde dejó el sacerdocio y se casó con una
ex-monja que lo había ayudado a rehabilitarse de sus graves
heridas.
Bernd enseña religión en una escuela
vocacional. Yo fui el primer judío con quien él se encontraba
conscientemente. Aceptó ser filmado, fue a la conferencia de
Wuppertal y se unió al grupo de auto-ayuda. Aceptó ser entrevistado
por Gitta Sereney y por la CBS. En ambos programas apareció
usando su nombre real, sin embargo fue reacio a aparecer en
la televisión alemana. Tenía miedo de perder la pensión que
se materializaría en 1992. Durante la guerra del Golfo Bernd
me llamó por teléfono cada semana, preocupado por mí y mi familia.
Una vez me dijo: “aún recuerdo la tarde en que Chamberlain vino
a nuestra casa y yo le di la mano como un niño. Viéndolo desde
la perspectiva actual, si en esos momentos alguien hubiera parado
a ese loco, Hitler, quizás hubiéramos podido salvar la vida
de 50 millones de personas”.
En un momento Bernd me mostró lo
que había estado escribiendo acerca de la forma en que los nazis
usaron el idioma alemán: uno no podría entender quién es el
responsable por los actos de los que se habla en los textos.
Dio como ejemplo el protocolo de la conferencia de Wansee en
que la “solución final” fue discutida tácitamente. Yo alenté
a Bernd a que siga escribiendo sobre ese tema. A esta visita
él vino con un diskette y un librito que había escrito con fines
educativos en el cual analiza algunos textos, incluida una carta
escrita por su padre en la que justifica el linchamiento de
pilotos británicos y americanos en los últimos períodos de la
II Guerra Mundial. Bernd es ahora pensionista y esta planeando
su primer viaje a Israel para participar en nuestro próximo
taller. Accedió a ser fotografiado por los periodistas franceses
“en tanto la fotografía no se publique en Alemania”. Bernd no
estaba seguro acerca de los actuales acontecimientos en Alemania:
acaso los medios de comunicación no son manipulados? Sin embargo,
está de acuerdo con Fritz e Hiltrud en que el principal problema
está menos con los jóvenes que prenden fuego a casas de extranjeros
que con los “espectadores”, usualmente de la generación de sus
padres, que animan a los jóvenes a que cometan estos actos.
El cree que solamente a través de la educación, ayudando al
joven a ser sensible con temas tan complejos como la manipulación
del lenguaje hecha por los nazis, podrán diferenciar entre el
uso genuino y la manipulación de la lengua alemana.
Fritz y Maya (Bar-On, 1989: capítulo 13) tienen una historia poco
usual. Fritz es hijo único de un comandante de la Gestapo que
fue ejecutado por los británicos después de la guerra por las
atrocidades cometidas en campos de concentración en el área
de Braunschweig que estaba a su cargo. Maya es una sobreviviente
judía de un pueblo de Ucrania donde estuvo escondida durante
dos años cerca de la casa de su abuela (no judía) después que
el ghetto judío fue liquidado en el verano de 1942. El comandante
de la Gestapo que dirigió esa operación permitió que su abuela
rescatara a su primo y a ella. Mientras que su primo creció
en la Unión Soviética y se convirtió en un prominente juez y
conferencista, Maya, su madre y su padrastro se fueron primero
a Polonia y más tarde a Israel. Maya, después del fracaso de
una relación sentimental se fue a trabajar a Alemania donde
conoció a Fritz con quien se casó hace 24 años. Maya y Fritz
como Bernd, Monika, Peter, Thomas y muchos otros hijos de criminales,
no tienen hijos.
Al inicio Maya y Fritz eran muy
activos en motivar las reuniones del grupo de auto-ayuda. El
grupo se reunía generalmente en su casa. Después de algunos
severos ataques de asma, Fritz tuvo que dejar su trabajo como
maestro de escuela y recientemente ha regresado a sus antiguos
hobbies: la construcción de muebles de estilo antiguo y la joyería.
Después de los recientes cambios en la ex-URSS, Maya fue a Ucrania
a visitar el pueblo donde nació y ahí se reunió con su primo
por primera vez desde la guerra. Ellos no habían tenido contacto
durante todos estos años debido al temor de que los antecedentes
judíos de su primo pudieran comprometer el trabajo de Maya.
Recientemente, su primo visitó a la madre de Maya en Israel,
junto con Maya y Fritz. Fritz ha sido siempre muy duro consigo
mismo y con su padre. Una vez, mientras era filmado, rompió
a llorar cuando leía en voz alta la carta que su padre escribió
a su madre antes de ser ejecutado por los británicos. Ahí le
pedía cuidar al niño y no contarle nada acerca de la ejecución
antes de que Fritz cumpliera los 18 años. En mi última visita
a su casa vi a un Fritz muy distinto: nunca antes lo había visto
reír tanto. No ha tenido ningún ataque más de asma desde su
retiro, hace casi un año.
Hiltrud (Rosenthal & Bar-On, 1992) es la hija de un físico
que condujo el programa de eutanasia en su región. Debido a
los bombardeos que vivió, desde la guerra sufre severos desordenes
del sueño. Ella recuerda haber vivido escondiendo sus problemas
de visión hasta después de la guerra, sentándose siempre en
la primera fila de la clase. Sospecha que su padre, siguiendo
su ideología de la pureza de la raza aria, mató a su hermano
menor al haber nacido con una deformación en el pie. Ella recuerda
a su padre como una persona alegre durante la guerra pero luego
quebrado y amargo debido a que los judíos “controlan nuevamente
el mundo y lo persiguen”. Sin embargo, su padre volvió a practicar
la medicina después de la guerra hasta su muerte, de un ataque
al corazón, en 1957.
Hiltrud empezó a hacer preguntas
acerca del pasado por su marido, quien creció en una tradición
social-demócrata. “Conoces bien a tu padre? eso es lo que él
solía preguntarme”. Sus hijos también le hacían preguntas en
casa. Pero sólo después de la muerte de su propio hijo a la
edad de 21 años víctima de leucemia, ella profundizó su interés
en conocer el atroz rol que su padre había jugado durante la
guerra. Hiltrud trabaja con grupos de padres que han perdido
un hijo de cáncer y trabaja para una agencia dando primeros
auxilios por teléfono. Es la única que pregunta a sus clientes
que pasó en sus familias durante la guerra mientras sus colegas
creen que esto es un “asunto viejo e irrelevante”. Su hija estudió
psicología y está haciendo una investigación para su tesis de
graduación, entrevistando hermanos de personas que se han suicidado
o que han muerto en accidentes de tránsito. Hiltrud se unió
al grupo después de participar en la conferencia de Wuppertal
junto a su hija y su esposo. Aceptó ser filmada (con Monika)
y entrevistada por Gitta Sereney, la CBS y ahora por los periodistas
franceses. Irá a Israel con su hija, quien le ayudará con la
traducción pues su manejo del inglés no es suficiente. A Hiltrud
le gustaría que el filme sobre el grupo sea mostrado en Alemania.
“No deberíamos escondernos mas, eso es lo que hemos hecho por
años. Deberíamos hablar en voz alta, de manera que todos puedan
oírnos. Eso es ahora aún más importante que en el pasado”.
Rudolf (“Legado de Silencio”: capítulo 9) vive en el campo, en
el pueblo de sus antepasados. Ahí se retiró hace 3 años después
de trabajar en los ferrocarriles y en la estación de bomberos
de Wuppertal. Caminó con nosotros alrededor del pueblo señalando
sitios históricos vinculados a su familia desde la época de
los hugonotes. “En 1670 se cayó aquí del caballo el abuelo de
mi tatarabuelo muriendo en el acto”. Rudolf y yo nos escribimos
aunque él no participa en el grupo de auto-ayuda. Fue un par
de veces a las reuniones pero se sintió excluido, especialmente
después de una vez en que fue vestido con su uniforme de bombero
y provocó que la gente se quedara paralizada en sus sillas al
recordarles otros uniformes que ellos rememoraban de su infancia.
Rudolf vino a la entrevista inicial
en respuesta a un aviso en el periódico local solicitando gente
que viniera y contara “sus recuerdos familiares del III Reich”.
Vino con una carta que su padre había escrito en Mayo de 1945
y que nunca se la había mostrado a nadie. En esa carta su padre
contaba como había presenciado la destrucción de un ghetto judío
con el que el solía trabajar en las vías del ferrocarril en
Paravianovo, en Rusia. Después de este hecho, el padre se quebró
emocional y físicamente y fue enviado a casa donde el joven
Rudolf, en ese entonces miembro de las Juventud Hitleriana,
le reprocho haber incumplido sus deberes con la patria. El padre
de Rudolf nunca se recuperó y le tomó a su hijo muchos años
reconocer que su padre le había dicho la dolorosa verdad, la
cual Rudolf no había querido aceptar.
Actualmente Rudolf padece de cáncer.
Sus hijos no están interesados en conocer el pasado. De alguna
manera, el autor -y ahora también los periodistas- somos los
únicos que quieren escuchar su historia una y otra vez. Durante
la guerra del golfo, Rudolf se comunicó conmigo y sugirió que
le enviara a mis hijos -el correría con los gastos- hasta que
Israel fuera nuevamente un lugar seguro. “te prometo que estarán
en buenas manos” dijo. Rudolf es la única persona de nacionalidad
alemana que el autor conoce que está orgulloso de ser alemán.
El aún puede cantar las canciones que solía cantar en la Juventud
Hitleriana y casi con el mismo entusiasmo. Solo que ahora el
conoce sus profundos significados. Pero a la gente que lo rodea
no le interesa, ellos quieren las viejas canciones “y eso es
hoy el verdadero peligro” concluye.
Helmuth (“Legado de Silencio”, 1989: capítulo 3) accedió a reunirse
con nosotros en un restaurant de la estación central de trenes
de Frankfurt. Viajó durante dos horas para vernos por primera
vez desde nuestra última entrevista, en 1987. Hace aproximadamente
seis meses recibí su nuevo libro de poemas en el que incluye
por primera vez algunos poemas sobre su padre. En nuestra última
entrevista, él me había dado el primer poema. Cuando lo llamé
y le propuse venir a la conferencia en Wuppertal y luego cuando
le sugerí unirse al grupo de auto-ayuda el se negó “no soy el
tipo de persona que le gusten los grupos. Soy un individualista.
Además, creo que nada podría cambiar mi caso“. Helmuth vive
con el recuerdo del suicidio de su padre, en 1945, poco antes
del fin de la guerra. El escuchó de casualidad una conversación
entre sus padres sobre si el padre debería matar a la familia
entera o solo suicidarse. Estaba contento de verme. Había esperado
reunirse conmigo y contarme las reacciones de sus hermanas frente
a mi libro y el capítulo sobre él. Sin embargo, cuando los periodistas
se unieron a nosotros, dijo que había olvidado que ellos iban
a venir (aunque esa fue la razón por la que lo había llamado
algunas semanas antes). Estuvo reservado y repitió su historia
en términos generales. No deseaba ser fotografiado y estuvo
más interesado en la vida de sus entrevistadores. “ ¿por que
no debería preguntarte acerca de tu padre? ¿acerca de tus motivos
para verme? La periodista aceptó pero Helmuth no pudo abrirse
más. Explicó que habla bastante sobre si mismo en el programa
literario que dirige en una radio local. Sus poemas también
son una especie de desahogo, aunque sólo recientemente ha empezado
a escribir sobre su padre. “si, amo a mi padre. Quizás si él
supiera cuan aficionado me convertí a los nombres de animales
y plantas, estaría orgulloso de mí. Cuando él estaba aquí, no
estaba orgulloso de mí porque era débil. Yo tenía miedos y se
supone que los hombres no deberíamos tenerlos. No estoy muy
seguro que eso haya cambiado mucho. Quizás sí, hasta cierto
punto por lo menos”.
Peter Thomas Heydrich (“Legado de Silencio”: capítulo 6) es
el único de los entrevistados que usa su nombre real. Ahora
nos encontramos con Peter en su casa. Peter es un artista que
representa sobre a todo poetas judíos que fueron asesinados
u obligados a irse de Alemania por los nazis, y que luego fueron
olvidados. Durante la guerra del Golfo le dijo al entrevistador
de la CBS: “no puedo entender lo poco que ha cambiado la mente
de esas personas: ¿cual es la diferencia entre suministrar gas
para las cámaras de gas de Auschwitz y proveer de gas a Sadam
Hussein? En ese momento el periodista francés le preguntó: ¿quienes
son “esas personas”? Peter dio un ejemplo: recientemente, un
gran industrial de Düsseldorf lo había llamado varias veces.
- nos gustaría invitarlo a una
de nuestras reuniones habituales
- ¿quiénes son ustedes?
- somos algunos industriales y
ejecutivos que se reúnen y discuten temas de actualidad y del
pasado. Como usted es un Heydrich nos gustaría invitarlo y escuchar
su opinión
-¿de qué esta hablando?
- usted sabe, todas esas publicaciones
acerca de lo que ocurrió durante el III Reich
- ¿qué publicaciones? ¿cuál es
su punto de vista?
- bueno, aquellas sobre los judíos
y todas esas mentiras de que fueron envenenados con gas, etc.
- si ese es el tema, no estoy interesado
-¿pero usted no es un Heydrich?
- lo soy, pero tengo mis propias
opiniones y estas son diferentes a las suyas.
- ah, no lo sabía...
Ese fue el final de la conversación
pero recientemente hubo mas llamadas.
El periodista francés le preguntó:
¿qué significó para usted el encuentro con Dan?
Peter empezó a llorar. Durante
un rato no pudo responder. “Dan fue mi victoria personal”, dijo
finalmente. Qué victoria? “que aquellos veinte años durante
los cuales me torturé por el hecho de ser un Heydrich, que cargué
con la culpabilidad de la familia, que aquellos años tuvieron
un sentido, no fueron una pérdida de tiempo. Hasta que encontré
a Dan yo estaba muy solo en esta lucha. Pero tampoco significa
que la lucha ya terminó. No hay manera de acabarla. Sin embargo
ahora puedo vivir con ella en mejores términos”.
Discusión
1. Las
experiencias descritas ¿afectaron las perspectivas de vida de
los entrevistados alemanes?
Es muy difícil evaluar el efecto
que las numerosas actividades descritas arriba tuvieron en las
vidas y en las perspectivas de vida de los descendientes de
criminales nazis. Tantas otras cosas les han sucedido durante
estos siete años y medio que sería presuntuoso hablar de una
sola y definitiva causa. Pero, aunque por un lado evitamos afirmar
que sólo las entrevistas, el grupo de auto-ayuda o los medios
de comunicación fueron la causa, no podemos dejar de reconocer
los importantes cambios que esas personas experimentaron durante
todos estos años.
Por ejemplo, creo que Monika, que
empezó su persistente búsqueda antes de conocernos, hubiera
continuado, e incluso hubiera llegado hasta la BBC sin la ayuda
del grupo, sus entrevistas conmigo o sus encuentros con los
medios de comunicación. Pero no hay duda que todas esas experiencias,
aún si algunas fueron problemáticas, le ayudaron a confrontar
los efectos posteriores del pasado y continuar su propio trabajo
interno (Bar-On, 1990). De manera similar, atribuye sus actuales
sentimientos hacia su padre y su nueva relación sentimental
al éxito de su terapia.
La mejoría en la salud de Fritz
y su renovado interés en el trabajo creativo pueden ser asociados
con su jubilación temprana. El buen humor de Maya puede ser
asociado con la posibilidad de visitar su pueblo natal y encontrarse
con su primo a quien no veía por más de cuarenta años. El estudio
de textos nazis hecho por Bernd puede ser asociado con su retiro
y el alivio de que no le hayan quitado su pensión a causa de
haberse expuesto y expuesto el rol que su padre tuvo en la dirección
nazi.
Es interesante que todos ellos
reflejen ahora un desarrollo positivo, cada uno a su propio
ritmo y en su propio campo. Todos tienen ahora unas perspectivas
de vida más optimistas comparadas a las que tenían durante los
encuentros iniciales. Yo creo que es producto del procesamiento
de las numerosas y diferentes experiencias a las que estuvieron
expuestos empezando por las entrevistas, el establecimiento
del grupo de auto-ayuda, los encuentros con el profesor Hardtmann,
Gitta Sereney, la gente de la CBS y finalmente pero no por ello
menos importante, el encuentro con los hijos de los sobrevivientes
en 1992.
Daré un ejemplo. Durante la filmación
del programa de la CBS me reuní con la sociedad psicoanalítica
en Colonia. Decidí mostrar la entrevista grabada con Monika
y Hiltrud y les pregunté si querían venir y participar en la
reunión, lo que ellas aceptaron. Al inicio de esta reunión pude
sentir mucha agresión tácita de parte de la audiencia. Algo
así como “quien trae a sus clientes a una sesión de terapeutas?
Sin embargo, después de ver el filme y escuchar a Mónika e Hiltrud
la atmósfera cambió. Uno de los psicoanalistas se levantó y
dijo abiertamente: “aunque nosotros somos psicoanalistas con
mucha experiencia, siento que ustedes dos están mucho mas adelantadas
que yo en el trabajo de esos temas. No empezaré ese proceso
aquí pero ahora sé que es lo que tengo que buscar”.
Los miembros del grupo de auto-ayuda
están mucho mas avanzados en este proceso. Aquellos que decidieron
unirse al grupo inmediatamente estuvieron más motivados. Sin
embargo, esto también puede ser atribuido al hecho de que los
miembros del grupo tuvieron más oportunidades de discutir sus
problemas con los otros, y estuvieron más expuestos a otras
experiencias externas. Pero también podemos distinguir cambios
en las personas que no participaron en el grupo de auto-ayuda.
Vemos un alivio en el retiro de Rudolf y el haber recibido finalmente
su pensión, una expresividad muy creativa en las perspectivas
de vida actuales de Helmuth y un alto grado de auto-conciencia
y conciencia social en Peter. Pero probablemente ellos estén
pagando un alto precio por su auto-impuesta o forzada soledad.
Todo esto nos lleva a la pregunta:
contra qué deben luchar realmente?
Ellos viven con sus familias, hablan
su lengua materna, viven en su propia cultura y medio social,
no como los sobrevivientes del Holocausto y sus descendientes
que tuvieron que ajustarse a un contexto totalmente extraño
junto a la lucha contra los efectos posteriores del pasado tan
traumático que vivieron. ¿Por qué hablan de un tipo de auto
o social marginación o aislamiento? Algunos lo describen como
un sentimiento de “desarraigo psicológico” (diferente del desarraigo
físico de las familias de los sobrevivientes). Sus raíces han
sido “envenenadas” o “contaminadas” y les tomará muchos años
volver a confiar nuevamente en el suelo al que están vinculados
a través de esas raíces. Estas expresiones surgieron durante
el encuentro de junio de 1992. El sorprendente sentimiento de
cercanía con los descendientes de los sobrevivientes del Holocausto
los ayudó a comprender en que medida los dos grupos se sentían
aislados de su propio pueblo, por razones similares pero a la
vez distintas.
Peter y Helmuth quizás puedan vivir
mejor con ese sentimiento de desarraigo o marginación y transformarla
en alguna expresión artística o intelectual. Rudolf pudo trabajar
ese sentimiento regresando a sus raíces físicas, al pueblo de
sus antepasados. Son muy pocas las personas que no encuentran
un camino o una solución. Uno de los entrevistados, no presente
aquí, le dijo a los periodistas franceses antes de que se fueran:
“odio a mis padres y conforme pasa el tiempo los odio más”.
Mas tarde ella me dijo: Puede imaginarse lo que significa envejecer
con este sentimiento? cuánto de auto-aversión debe de haber,
cuánta lucha diaria es necesaria para continuar viviendo con
un sentimiento como este?
Los entrevistados no tuvieron una
actitud común frente a la situación actual en Alemania. La mayoría
no se sorprendió. Mientras Renate y Peter Thomas fueron mas
pesimistas y no confiaban en la sociedad alemana, otros tomaron
caminos mas pragmáticos: ¿Qué puede hacerse? con quienes se
trabajaría? que podrían hacer ellos al respecto? Bernd preparó
un programa educativo acerca del lenguaje nazi. Hiltrud creía
que el filme debería ser proyectado en Alemania de tal manera
que otros podrían sentirse atraídos por su experiencia personal.
Sólo unos pocos entrevistados dejaron de sentir ese sentimiento
de marginalidad social que habían expresado durante las entrevistas
iniciales.
El proceso vivido también tuvo
sus accidentes, aunque felizmente menos numerosos de los esperados.
Hilda (Bar-On, 1989: capitulo 4) no quiso venir a la conferencia
de Wuppertal en 1988. Ella me escribió después de que mi libro
fuera publicado pidiéndome que la excluya de la edición alemana.
Sus amigos dicen que se arrepintió. En el encuentro inicial
ella había hablado como si se encontrara en trance. Abrió algo
y luego paró repentinamente. Como yo no tenía ningún tipo de
compromiso terapéutico con ella, solo pude aceptar y respetar
su deseo aún cuando estaba preocupado y me entristecía su decisión.
Otro accidente fue Chana, una mujer holandesa que participó
en el grupo de auto-ayuda. Ella escribió la versión inicial
de la historia del grupo que planeamos publicar juntos. Sin
embargo, cuando trabajábamos en el capítulo final de la versión
alemana yo propuse que los miembros del grupo deberían participar
en la redacción y la firma de éste. Esto creó un conflicto entre
Chana y yo: ella se sintió traicionada, despreciada, y no pudo
manejar mi pedido como algo legítimo y digno desde la perspectiva
de los participantes alemanes.
2.
Evaluando mi rol en este proceso
Evidentemente, veo este proceso
en retrospectiva. Al inicio mi papel fue muy corto como entrevistador.
Tal vez para ellos era sólo un extraño que vivía muy lejos y
que hasta podía ser identificado con las verdaderas víctimas
de sus parientes. Asumí que quizás ellos no desearan verme otra
vez después de nuestra primera entrevista, o quizás ni siquiera
antes de ella. Pero las cosas se desarrollaron de manera distinta.
Mientras más veía a Renate, Monika, Bernd, Fritz, Maya, Hiltrud,
Peter y los demás, mayor era mi interés hacia ellos así como
su deseo de verme nuevamente.
Sin embargo, yo nunca tuve ningún
compromiso con ellos. ¿Cuál podría haber sido?
debí convertirme en su terapeuta?
debí convertirme en un amigo? no pude ser nada de eso. Yo tenía
mi propia vida, muy lejos de sus espacios y realidades. Sin
embargo, había empezado algo y sentía que era mi responsabilidad
continuarlo, en la medida que ellos quisieran compartir sus
procesos conmigo. Yo no tuve a nadie de quien aprender al no
haber nadie que haya tratado antes estos temas de esta manera
previamente Lentamente, a través de un proceso de ensayo-error
fui asumiendo un compromiso a largo plazo con esas personas
y sus vidas. Sin embargo, fue un proceso paulatino en que mi
lema siempre fue “deja que ellos lo hagan por sí mismos”. En
primer lugar decidí invitarlos a la conferencia en Wuppertal
prometiéndoles que no habría etiquetas con sus nombres por lo
que pudieron mantenerse en el anonimato. Doce de los entrevistados
fueron a la conferencia, lo cual me animó mucho. Y fue durante
la sesión en que se veían por primera vez, que surgió la idea
de iniciar el grupo. Como sabía que no podría asistir regularmente
a las reuniones, le pedí al profesor Hardtmann que sea el facilitador
del grupo. Sin embargo, yo era regularmente informado -en la
medida que ellos lo quisieran- como se desarrollaban las reuniones.
Durante los cinco años que se reunieron yo solo fui en tres
oportunidades después de que el profesor Hardtmann había dejado
el grupo. Durante esas reuniones tuve dos intervenciones: recomendé
que el grupo permita que Gina Sereney y la CBS los entreviste.
Deseché muchas otras solicitudes de conocer al grupo por falta
de confianza en los solicitantes o porque habría implicado intervenciones
demasiado frecuentes y repetitivas.
Las negociaciones con los medios
de comunicación fueron problemáticas. La televisión y la prensa
tienen sus propias reglas y los productores sus propias presunciones
acerca del interés del público en información sensacionalista
presentada de una manera simple y corta aunque de esa manera
estén diciendo mas de ellos mismos y de la gente que los financia
que del público que creen que tienen como espectador. Ser hijo
de un perpetrador nazi es una historia compleja, difícil de
explicar en quince minutos. Aunque al mismo tiempo, el hecho
de ser hijo de un líder nazi o hija de un relativamente desconocido
criminal puede tener muy poco que ver con el esfuerzo que esas
personas hacen por crear su propia historia. Por ésa y por otras
razones más, los malos entendidos fueron inevitables. Sin embargo
creo que esas exposiciones al público -con todos sus inconvenientes-
tuvieron efectos positivos. Exigió de los entrevistados hacer
un resumen de lo avanzado hasta ese momento: ¿dónde estoy ahora?
Les dio la oportunidad de retroalimentarse, aún de un público
muy distante. Les exigió una nueva y fresca confrontación con
las preguntas básicas: porqué mi padre lo hizo? que efectos
tuvo esto en mi vida? Preguntas que no tienen respuestas exactas
y que tienen que ser hechas una y otra vez, desde nuevas perspectivas
y con la ayuda de diferentes personas. El hecho que -después
de todas sus quejas del programa de la CBS- Monika haya aceptado
participar en el programa de la BBC y contar su historia, que
haya sugerido a los otros miembros del grupo que la BBC debería
filmar la siguiente sesión en Israel, y que todo el grupo haya
aceptado la propuesta, habla por sí solo. Yo no participé en
ninguna de esas decisiones.
Sin embargo, la mejor de todas
las acciones fue la idea -y su posterior materialización- de
reunir a descendientes de “ambos lados”. Aquí el tiempo jugó
un papel crucial: ni muy pronto, de manera que pudiera ser incómodo
confrontarse a los descendientes de las víctimas, ni demasiado
tarde, sino antes que el grupo se disolviera por falta de interés
o por problemas internos.
Ese encuentro demandó mucha energía
de parte de ambos grupos, pero se convirtió en una prueba muy
especial para el grupo alemán: ¿podremos manejarlo? ¿nos aceptarán?
¿podremos entender sus problemas? puede ser que parte de los
cambios positivos que pude percibir entre mis entrevistados
durante la visita a Alemania descrita aquí se hayan debido al
enorme efecto relajante que el encuentro de junio produjo en
el grupo. Ahora estaban más activos, escribiéndose entre ellos
y con los americanos e israelíes. Se organizaron en una asociación
similar a lo que los americanos hicieron. Todos decidieron asistir
a la siguiente reunión. Fue como si se hubieran liberado de
una pesada carga, la carga por las acciones de sus padres contra
los padres de sus nuevos compañeros. Eso no significa que no
haya mas trabajo por hacer. Continuarán los dos grupos comunicándose?
que se dirán? tendrán una agenda común para el futuro? Esas
son preguntas difíciles que deberán ser contestadas por ambos
grupos en las sesiones que vienen.
Conclusiones
¿No resulta preocupante que desde
1988 nadie haya intentado conducir una investigación similar,
entrevistando descendientes de criminales nazis sea para confirmar
como para negar los resultados de esta muestra? ¿Es demasiado
complicado llevar a cabo un estudio de ese tipo o es demasiado
incómodo para los propios investigadores acercarse demasiado
a personas como ésas y de ese modo mirarse a ellos mismos? Creo
que participar en una investigación así es una tarea muy difícil
en la medida que implica examinarnos a nosotros mismos, nuestra
personalidad, identidad, y biografía.
Otra pregunta es si se puede empezar
un proceso similar convocando desde un inicio a los descendientes
de “ambos lados” y no trabajando primero con cada grupo de manera
separada. ¿Serán capaces de ayudarse unos a otros en sus inacabados
procesos de trabajo interno aceptándose y apoyándose mutuamente?
Algunos grupos mixtos que se formaron recientemente podrían
ayudarnos a responder esa pregunta.
Estos temas deberían ser analizados
en mucho mas detalle por la comunidad científica teniendo en
cuenta que cada día hay más sociedades en este mundo tan cambiante
en que descendientes de criminales conviven con descendientes
de víctimas y sobrevivientes de regímenes totalitarios. Esos
regímenes traicionaron el contrato social abusando del poder
de la fuerza para torturar y matar a aquellos que pensaron,
actuaron o solo fueron diferentes. La cuasi-democracia que siguió
no altera esos hechos. Es necesario un proceso socio-psicológico
en el cual “cada lado” pueda analizar el rol de sus padres y
trate de enfrentarse al otro para intentar la posibilidad de
un nuevo y más confiable contrato social. Quien quiera saber
de que se trata esto debería intentar hablar con gente en Argentina,
Cambodia, Bosnia, Alemania oriental, etc. Lamentablemente, la
lista crece constantemente. Es un signo positivo que los regímenes
totalitarios colapsen, sin embargo, somos aun novatos en el
trabajo de sus terribles secuelas.
(Traducción del inglés: Katya Salazar)
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of Wuppertal, Wuppertal, Alemania.
Para solicitar mayores
informes sobre el tema se puede escribir al: profesor Dan Bar-On:,
Department of Behavioral Sciences, Ben Gurion University, PO
Box 653, Beer Sheva 84105, Israel.
Este
estudio fue presentado en septiembre de 1995 por el Dr. Dan
Bar On en nuestro congreso “Los
Derechos Humanos ante las Cortes: Los Juicios de Nuremberg y
su significado actual”. Ha sido incluido en el libro “Von Nürnberg
nach den Haag” editado por el Nürberger Menschenrechtszentrum.