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MAYDAY
En defensa de los sindicalistas perseguidos. Una acción de
los sindicalistas metalúrgicos en Alemania
Rainer
Huhle
Mayday, el primero de
mayo, es el día de los trabajadores en todo el mundo. Para
el primero de mayo del 2002, el sindicato de los trabajadores del
sector metalúrgico (IG Metall) de Nuremberg invitó
como expositor principal en su tradicional reunión al aire
libre a Pierre Sané, ex secretario ejecutivo de Amnistía
Internacional y ahora subdirector de la UNESCO.
En el mundo sindical
alemán un gesto como éste no es nada común.
Para los sindicalistas de Nuremberg, sin embargo, es un paso más
en su compromiso creciente con los derechos humanos. El mismo mes
se inauguró en pleno centro de la ciudad de Nuremberg un
monumento extraordinario. En los techos de tres edificios grandes,
uno de ellos la sede de la Central de los sindicatos, se habían
instalado los nombres, en letras luminosas de color rojo de un metro
de alto, de tres sindicalistas perseguidos en diferentes partes
del mundo: Dan Byung-Ho de Corea del Sur, Taye Wolde-Semayat de
Etiopía y Tekin Yildiz de Turquía.
En un lugar y tamaño
que normalmente quedan reservados para la propaganda de las grandes
empresas transnacionales se recuerda ahora el destino de tres sindicalistas
que sufren las consecuencias de haber defendido los derechos humanos
políticos y sociales de sus compañeros
de trabajo. Al pie de los edificios están instalados unos
monitores que brindan información sobre las personas cuyos
nombres se ven en los techos y que invitan a participar en las acciones
de solidaridad a favor de ellas.
No es casualidad que
esta iniciativa surgiera de los sindicalistas de Nuremberg. La sede
de la Central de sindicatos de Nuremberg colinda con
la Vía de
los Derechos Humanos, el conocido monumento a la Declaración
Universal de los Derechos Humanos creado en 1993 por el artista
israelí Dani Karavan. El acercamiento entre el mundo de los
derechos humanos y los sindicatos ha sido constante desde ese momento.
Pronto la iniciativa encontró el apoyo de la organización
de la IG Metall a nivel nacional. El presidente de la IG Metall,
Klaus Zwickel, quien actualmente es también presidente de
la Federación Internacional de Sindicatos, acogió
la idea y además brindó apoyo económico y logístico
para el proyecto. Finalmente se le encargó al artista Heiner
Blum el diseño del proyecto que ahora está realizado.
Al mismo tiempo el proyecto
encontró también el apoyo decisivo de la sección
alemana de Amnistía Internacional.
Fue precisamente durante
la última asamblea nacional de dicha organización
en mayo de 2002 en Nuremberg que el proyecto fue oficialmente inaugurado,
en presencia de la Secretaria General de AI, Irene Khan, y Klaus
Zwickel, entre muchos otros. Los ciudadanos de Nuremberg y los numerosos
visitantes del centro de la ciudad pueden ahora mirar en el lo alto
de los edificios estos tres nombres, misteriosos a primera vista,
pero explicados en los monitores de información.
La idea y el alcance
del proyecto, sin embargo, va más allá de un monumento
público. Los sindicatos y las organizaciones de derechos
humanos llevan la solidaridad con los sindicalistas perseguidos
a las empresas y también a los políticos. Mientras
los equipos de Corea del Sur y de Turquía pasaban a la semifinal
del campeonato mundial de futbol, grupos de sindicalistas se presentaron
ante las embajadas y consulados de dichos países en Berlin
y Nuremberg a reclamar por Dan Byung-Ho y Tekin Yildiz.
En veintiún empresas
metalúrgicas de Nuremberg los miembros de la IG Metall se
declararon padrinos de los sindicalistas perseguidos,
hasta que se lograra su libertad. En el caso del etíope Taye
Wolde-Semayat se tiene noticias que ya salió libre.
Este hecho feliz abre
camino para lo que desde el inicio de la iniciativa estaba previsto.
Una vez lograda la libertad para el portador de uno de los nombres,
éste será reemplazado por el de otra víctima.
De la misma manera, el IG Metall quiere llevar la iniciativa desde
Nuremberg a otras ciudades. Se busca también, con buenos
pronósticos, la adhesión de otros sindicatos hermanos
como Ver.di (el sindicato de los servidores públicos),
el de los profesores y otros. De tal manera, este proyecto artístico
abre una amplia gama de posibilidades participativas, tanto para
los miembros de los sindicatos como de otras personas e instituciones.
Es así que por ejemplo la empresa de servicios energéticos
de Nuremberg (N-ergie) asume los gastos de energía
eléctrica para las letras luminosas. Desde el Centro de Derechos
Humanos de Nuremberg saludamos y acompañamos con nuestros
modestos medios esta iniciativa ejemplar.
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