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iFelicitaciones,
Tatic Samuel!
Rainer
Huhle
El 15 de septiembre de
2001, don Samuel Ruiz, obispo emérito de la diócesis
de San Cristóbal, Chiapas, fue galardonado con el Premio
Internacional de Derechos Humanos de la ciudad de Nuremberg. Así
por primera vez en la historia de este premio lo recibe un representante
del continente latinoamericano. Desde el Centro de Derechos Humanos
de Nuremberg felicitamos a don Samuel no sólo por el premio
(ya le deben sobrar los premios) sino ante todo por sus intervenciones
valientes y atinadas en momentos en que muchos se salieron de sus
papeles.
El Premio Internacional
de Derechos Humanos de la ciudad de Nuremberg se otorga en base
de la decisión de un jurado internacional, actualmente compuesto
por las siguientes personalidades:
Theo van Boven, profesor
de derecho internacional en la Universidad de Maastricht, Holanda;
Rajmohan Gandhi, India, profesor de historia y ciencias políticas
(y nieto del Mahatma Gandhi), Maurice Glèlè-Ahanhanzo,
Benin, Relator especial de las Naciones Unidas para racismo, xenofobia
e intolerancia, Václav Havel, presidente de la República
de Chequia; Roman Herzog, ex-presidente de Alemania ; Daniel Jacoby,
Francia, presidente honorario de la FIDH; Asma Jahangir, Pakistan,
Relatora especial de las Naciones Unidas para ejecuciones extralegales;
Dani Karavan, Israel, artista autor de la Calle de los derechos
humanos en Nuremberg; Koïchiro Matsuura, Japón,
Director General de la UNESCO; José Míguez Bonino,
Argentina; presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos
Ludwig Scholz, Alcalde Mayor de Nuremberg.
Las decisiones del jurado
se toman con independencia absoluta. Tres días antes de la
entrega del premio habían sucedido los terribles y terroríficos
ataques a los edificios en Nueva York y Washington, sucesos que
naturalmente tuvieron su impacto también en los programas
alrededor del premio y en el mismo acto solemne de la entrega del
mismo que se desarrolló en la Ópera de Nuremberg.
Entre las autoridades
invitadas a intervenir en dicho acto, se encontraban los ministros
del interior tanto del gobierno federal alemán Sr.
Otto Schily como del estado de Baviera Sr. Günther
Beckstein. Los dos son, en el ambiente político alemán,
representantes de una línea dura en la lucha contra el crimen
y en el control de los flujos de refugiados hacia Alemania. Inevitablemente,
en sus discursos se refirieron también a los ataques criminales
de los comandos en territorio estadounidense, acometiendo contra
el peligro del terrorismo y reiterando la solidaridad incondicional
con el gobierno de Estados Unidos que el canciller alemán
Gerhard Schröder ya había proclamado.
El discurso laudatorio
del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel (v. la documentación
en esta misma edición) colocó un contrapunto marcado.
Desde la perspectiva latinoamericana, la experiencia con la política
estadounidense se presenta de manera bastante distinta de la vista
desde una Alemania cuyo sistema democrático fue instaurado
después de la guerra mundial con el apoyo de Estados Unidos.
El premio Nobel no sólo recordó las experiencias,
gratas y tristes, que compartió con su amigo Samuel Ruiz.
No pudo dejar de recordar también la serie de atropellos
y agresiones que en todo el continente se han sufrido por parte
de los gobiernos y tropas norteamericanos, destacando la formación
de decenas de miles de militares en la Escuela de las Américas.
Don Samuel, quien ya
en entrevistas periodísticas se había tomado la libertad
no sólo de condenar el terrorismo sino también preguntar
por sus causas, no tuvo reparos en denunciar el sistema económico
globalizante como productor de situaciones injustas e inhumanas
que son el marco en el cual prolifera también la violencia
terrorista. Sucedió entonces que no todas las caras de los
asistentes al ilustre acto reflejaban regocijo, y no todas las manos
aplaudieron con la mayoría del público. Pero cuando
el premiado terminó su discurso, saliéndose del manuscrito
distribuído anteriormente (v. la documentación en
esta misma edición), no con una frase de cortesía
sino con la constatación de que no se debe dar la lucha
contra la pobreza existente, cuanto más bien contra la injusta
concentración de la riqueza, el aplauso fue obligatorio
hasta para los defensores más atrincherados de la economía
globalizante.
Como siempre, la entrega
del premio dio ocasión a una serie de eventos adicionales.
Una vez más, se realizó una conferencia internacional,
cuyo tema central se inscribía en el contexto de la Conferencia
Mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia
y las formas conexas de intolerancia. Entre los ponentes hubo varios
que llegaron directamente de la conferencia de Durban, entre ellos
Theo van Boven, y Maurice Glèlè-Ahanhanzo, el relator
de las Naciones Unidas para el tema, a los cuales se sumó
en momentos decisivos de la conferencia la abogada Fatimata MBaye,
premio internacional de derechos humanos de Nuremberg de 1999 y
también participante por su ONG mauritana en la conferencia
de Durban. Ante la pésima impresión que la conferencia
había dejado en los medios masivos en casi todo el mundo,
fue muy importante escuchar a algunos de sus destacados participantes
que pusieron en su lugar los problemas de la conferencia, sin olvidar
los logros que también hubo.
Don Samuel participó
en varios servicios religiosos, católicos y ecuménicos,
ofreciendo también en las iglesias sus experiencias de 40
años de trabajo pastoral en las montañas chiapanecas.
Memorable para todos fue la presentación de la Misa
de paz para Chiapas del compositor mexicano Ignacio Olivarec,
dedicada a don Samuel y ejecutada en su presencia por excelentes
coristas, instrumentistas y solistas de Nuremberg y Frankfurt, bajo
la dirección del compositor. En numerosos encuentros con
la gente, en la iglesia, en la calle o en más reuniones,
llegamos a conocer y querer la figura del obispo de los indígenas,
verdadero seguidor del padre Las Casas que le dio el nombre a la
sede de la diócesis. Gracias, don Samuel.
La situación
en Chiapas
Mientras se honra en
el mundo el obispo emérito de San Cristóbal, en su
diócesis y en el estado de Chiapas las cosas se complican.
Durante los días de la entrega del premio, hubo también
algunos eventos en que tanto el obispo como el representante del
chiapaneco Centro de investigaciones económicas y políticas
de acción comunitaria CIEPAC, Onésimo Hidalgo, informaron
sobre los últimos acontecimientos en la región, después
de la marcha indígena y zapatista a la capital y la aprobación
de la ley indígena que más parece una
ley antiindígena. El 25 de abril, es decir a los pocos días
después de la sonada marcha zapatista a la capital,
que de ninguna manera era solamente una marcha de los zapatistas
sino de muchos indígenas sin afiliación al EZLN, el
Senado de la República aprobó un dictamen de
reformas constitucionales en materia indígena el cual
encontró el rechazo unánime por parte de las organizaciones
indígenas y de derechos humanos, además de grandes
sectores políticos que incluyen hasta los gobernadores de
varios estados mexicanos con grandes poblaciones indígenas.
Si bien el dictamen legislativo tiene un lenguaje aparentemente
positivo en cuanto prohibe toda forma de discriminación,
garantiza los derechos de la mujer, o reconoce la autonomía
indígena en las areas de cultura, educación, idioma
y gobierno local, en su totalidad resulta un retroceso no solamente
ante las expectativas de los miles de marchantes sino también
ante lo ya sellado en los acuerdos de San Andrés entre el
gobierno, el EZLN y las bases civiles de Chiapas. De la misma manera,
la nueva ley queda en contradicción con las propuestas en
la materia que hizo la Comisión de Concordancia y Pacificación
(COCOPA), una comisión del mismo Congreso de la República,
instalada en 1995.
Referimos algunos párrafos
del comunicado que con fecha del 28 de abril de 2001 emitió
al respecto el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé
de Las Casas, cuyo presidente es el Obispo don Samuel Ruíz
García:
El dictamen reduce
los derechos indígenas reconocidos en el marco de los Acuerdos
de San Andrés, siendo el dictamen una propuesta regresiva
y no progresiva como la sociedad civil espera del debate legislativo.
El dictamen del Senado no redundará en una mejor relación
del Estado con los Pueblos Indígenas, por el contrario, vuelve
a un Estado proteccionista e integracionista en perjuicio de los
pueblos indios.
- La propuesta de la
COCOPA propone reformas a diversos artículos de la Constitución
mexicana, por lo que el reconocimiento de los derechos indígenas
configura una visión integral y reconoce en diversos ámbitos
el derecho indígena como componente esencial del Estado mexicano.
El dictamen del Senado propone un apéndice constitucional
para los derechos indígenas, dejando de lado la reforma integral
del Estado en el que se reconocen distintos aspectos del derecho
indígena en diversas materias.
- La fracción
II del artículo segundo (impartición de justicia)
deja de reconocer validez a las determinaciones indígenas
tomadas según sus sistemas normativos, los cuales serán
válidos sólo después de que hayan pasado por
el procedimiento ante un juez o tribunal correspondiente. En la
propuesta de la COCOPA dichas determinaciones ya se consideraban
válidas y las autoridades jurisdiccionales solo convalidan.
- En la fracción
V del artículo segundo se deja de reconocer a los pueblos
indígenas el derecho al territorio, lo que va en detrimento
del respeto a las culturas indígenas.
- En el último
párrafo del apartado A del artículo segundo se deja
de reconocer a las comunidades como entidades de derecho público
y se les reconoce solo como entidades de interés público.
La diferencia entre ambos términos se encuentra que las entidades
de derecho público tienen personalidad jurídica propia,
sus determinaciones son válidas jurídicamente, tienen
derecho de acción, son sujetos emancipados. Las entidades
de interés público son tuteladas, son protegidas,
son dependientes de la benevolencia del Estado.
- En el apartado B del
artículo segundo (consulta a los pueblos), el Estado desconoce
su obligación de consulta y aprobación de los pueblos
indígenas en lo relativo a su desarrollo. En la fracción
primera de este apartado tiene efecto el desconocimiento de las
comunidades indígenas como entidades de derecho público,
pues no serán consultadas en lo relativo a su desarrollo,
sino que sólo se consultará a nivel municipal y las
comunidades sólo administrarán los recursos que vayan
destinados a fines específicos.
- En la fracción
VI del mismo apartado B del artículo segundo (medios de comunicación),
el dictamen deja de reconocer que en el ejercicio de la libre determinación
y autonomía los pueblos indígenas podrán adquirir,
operar y administrar sus propios medios de comunicación,
señalando solo que el Estado estará obligado a establecer
las condiciones para que los pueblos y comunidades adquiera, operen
y administren medios de comunicación. El detrimento radica
en que el derecho se desconoce y opera, de nuevo el proteccionismo
y tutela del Estado para generar condiciones.
El dictamen se coloca
como un obstáculo al proceso de paz, pues el senado se negó
a reconocer a los pueblos indígenas diversos derechos que
ya habían sido aceptados por las partes del conflicto. El
proceso de paz profundo, que garantice continuidad a largo plazo,
no se abona con el dictamen del senado, lo que se ha reflejado en
las diversas reacciones críticas y de rechazo.
Ante ello, el Centro
de Derechos Humanos "Fray Bartolomé de las Casas",
considera que el dictamen debe ser restituido al espíritu
original de la propuesta de la COCOPA en los debates que se den
la Cámara de diputados.
Otro aspecto muy preocupante
del momento crítico que Chiapas vive actualmente fue expuesto
por el investigador del CIEPAC, Onésimo Hidalgo: la permanente
militarización y especialmente la paramilitarización
de la región.
Como en otros países,
la parte más sucia de la guerra contra los movimientos rebeldes
no la hace la tropa oficial sino las escuadrones de muerte, los
grupos de vigilancia, o como quiera que se llamen estas bandas de
asesinos. En Chiapas se cuentan ya por lo menos trece de estos grupos
paramilitares que cometen sus crímenes contra la población
indefensa bajo denominaciones tan perversas como Desarrollo
Paz y Justicia. Este grupo armado cuyos líderes son
conocidos públicamente y hasta representantes políticos
del PRI, fue el responsable de la masacre más grande que
ocurrió en diciembre de 1997 en el poblado de Acteal en los
Altos de Chiapas y cuyo resultado eran 45 muertos, entre niños
mujeres y hombres pacíficos, todos pertenecientes a una asociación
civil muy ligada a la diócesis de San Cristóbal. No
sorprenderá que el mismo don Samuel, en reiteradas oportunidades,
recibiera amenazas de muerte contra su persona y sus allegados.
La salida de don Samuel
Ruiz del cargo que durante 40 años desempeñaba, deja
a la diócesis y las poblaciones indígenas en una situación
difícil. Si bien sus enemigos en el poder político
y eclesiástico saludaron con satisfacción el pase
a la jubilación de quien solían descalificar al obispo
rojo o camarada Sam, todavía es temprano
decidir si realmente podrán cantar victoria aquellos que
creen que su dominio sobre los indígenas y los pobres es
eterno.
La labor que durante
décadas fue construída en la diócesis y que
queda plasmada en las resoluciones de una largo y masivo Sínodo
diocesal en 1995, es continuada por muchos agentes en la diócesis
y activistas en las organizaciones de derechos humanos. Inspiradas
no pocas de ellas por El Caminante como cariñosamente
llaman los indígenas a don Samuel, gracias a la previsión
prudente y el espíritu descentralizador que inspiraban al
obispo, hoy son organizaciones independientes y con una visión
clara de las tareas que tienen que enfrentar. Asumen la labor que
tuvo que dejar don Samuel y también los riesgos que siguen
presentándose en Chiapas para quien defiende los derechos
humanos en general, y de los indígenas en particular.
El estatuto del Premio
Internacional de Derechos Humanos de Nuremberg determina:
Serán distinguidas
personas o asociaciones que se han empeñado, de manera ejemplar
y cuando se de el caso, asumiendo riesgos personales, para la preservación
de los derechos humanos. El Premio busca también, aparte
del reconocimiento para los distinguidos, contribuir a proteger
a los que están en peligro y a estimular a los demás.
En el Centro de Derechos
Humanos de Nuremberg saludamos con alegría y satisfacción
la decisión del Jurado de distinguir a don Samuel Ruiz con
el premio. Nos integramos a esos demás, que la
presencia de don Samuel en nuestra ciudad ha estimulado a seguir
con el trabajo a favor de los derechos humanos, sabiendo bien que
en estos tiempos de sones de guerra y venganza, nuestra tarea será
más difícil pero también más necesaria.
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