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Como
se ha encarado la Tortura en Chile
Logros y deficiencias del "Informe Valech"
Roberta
Bacic (1) y Elizabeth Stanley (2),
Mayo 2005
Luego
de dar su testimonio en relación a un amigo y compañero
con el cual había estado en prisión y que luego
desapareciera, un sobreviviente y testigo estaba a punto de retirarse
de la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación.
Luego titubeó. Se dió vuelta, levantó su
polera color café y apuntó a sus cicatrices sobre
su estómago y preguntó: '¿Hubiese sido mejor
morir para que entonces mi familia hubiese podido acceder a reparación
a consecuencia de lo que tuvieron que pasar?' (3)
Hasta
el establecimiento de la Comisión Nacional Sobre Prisión
Política y Tortura (de aquí en adelante Comisión),
los temas tanto de la prisión política como también
de la tortura habían sido descuidados. No es que sostengamos
que no se hubiese hecho nada al respecto. Ya el Informe Rettig
reconocía la tortura como una práctica institucional
recurrente. Se señalaba que la tortura había precedido
la mayor parte de las ejecuciones y de las 'desapariciones' de
las víctimas. Luego, durante la transición que vino
después de la dictadura, algunos sobrevivientes pudieron
recibir apoyo médico individual por parte del gobierno,
otros pudieron recuperar sus derechos civiles al confrontar documentación
oficial que los mostraba y/o inculpaba como criminales. Otros
han sido aceptados como testigos válidos en casos relacionados
con violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, éstos
han sido derechos difíciles de lograr y, a nivel oficial,
aquellos que sobrevivieron la tortura no habían podido
obtener un reconocimiento público generalizado.
La Comisión fue establecida el 12 de agosto del
2003 por el Presidente de Chile Don Ricargo Lagos. Actuando bajo
el lema: "No hay mañana sin ayer", los ocho miembros
del Consejo de la Comisión hicieron público su Informe
en noviembre del 2004. El Informe completo, con un total de 638
páginas, sólo es posible de conseguir via internet
(4) y no ha sido divulgado en forma masiva
por vía impresa.
¿Qué
nos dice la Comisión?
A
pesar del corto tiempo del cual dispuso esta Comisión
en su mandato para recopilar las historias y testimonios, miles
de sobrevivientes se acercaron a la Comisión para
relatar lo vivido. De hecho, 35.868 personas se presentaron ante
la Comisión y a las instituciones que la representaban
en sólo seis meses. En Santiago la Comisión entrevistó
entre 114 y 240 personas diariamente. La mayor parte de las personas
entregó su testimonio en Chile (37% en Santiago y 54% en
otras regiones del país). Sin embargo el 9% restante de
los testimonios fue dado en 40 países distintos. Tal número
de respuestas deja de manifiesto la necesidad real que tienen
muchas de las víctimas en que sus experiencias vividas
sean oficialmente reconocidas.
La
Comisión detalla que hubo 1.132 centros de detención
a lo largo de Chile. Las víctimas fueron torturadas en
recintos policiales, recintos militares, escuelas y hospitales,
entre otros lugares. La tortura fue parte de una política
de estado y una realidad común que vivieron los prisioneros
políticos. De hecho el Informe deja constancia que el 94%
de l@s pres@s polític@s fueron torturad@s. En concordancia
con las bases del mandato de la Comisión, se pudo
comprobar que 33.221 personas fueron detenidas y estas víctimas
pasaron un promedio de 180.1 días en prisión. De
este total, 27.255 personas fueron calificadas oficialmente como
víctimas de la tortura. Aproximadamente el 19% (6.845)
de las personas que se acercaron a la Comisión no
fueron calificadas como víctimas y no están consignadas
en este Informe.
De
aquellos que se calificaron oficialmente como víctimas
de la tortura, se pueden ofrecer las siguientes estadísticas:
El peor período de torturas corresponde al tiempo inmediatamente
posterior al Golpe militar ya que más de 18.000 personas
(67.4%) fueron torturadas entre septiembre y diciembre de 1973.
Otras 5.266 (19.32%) personas fueron torturadas entre enero de
1974 y agosto de 1977 y las restantes 3.625 víctimas (13.3%)
sufrieron torturas entre agosto de 1977 y marzo de 1990.
La
mayoría (87.5%) de las víctimas fueron hombres ya
que las mujeres representan el 12.5% del total. Un tercio del
total de las personas estudiadas sufrieron electro shock durante
las sesiones de tortura y casi todas las mujeres sufrieron tortura
sexual. En su mayoría eran personas adultas (27.153), aún
cuando también se consiganaron 102 niñ@s como víctimas.
Est@s nacieron durante el período de reclusión o
fueron detenid@s con sus padres.
Al
tiempo de su detención el 4% de las víctimas tenía
menos de 18 años; 9.7% tenía entre 18 y 20; 44.2%
entre 21 y 30 años de edad; 25.4% entre 31 y 40 ; 12.5%
entre 41 y 50; y 4.3% tenía más de 50. La mayor
parte de los adultos jóvenes pertenecían a partidos
políticos y también reconocen haber sido parte de
algún sindicato. De aquellas víctimas que tenían
menos de 18 años de edad, 766 tenía entre 16 y 17,
226 tenía entre 13 y 15 años, y 88 tenía
12 o menos años. Ningun@ de est@s niñ@s tenía
responsabilidad penal al tiempo que fueron detenidos.
Al
tiempo de dar sus testimonios, la Comisión señala
que el 9% de las víctimas había fallecido (su testimonio
fue presentado por el familiar más cercano) y que el 83%
de las víctimas tenía más de 51 años.
El 27% de las víctimas están jubiladas o cesantes.
Estas personas están en situación económica
de vulnerabilidad.
¿Cómo
se contabilizaron las víctimas?
El
mandato de la Comisión restringió los casos
a quienes estuvieron detenidos y podían probar que sus
detenciones fueron producto de motivaciones políticas.
Generalmente ésto se circunscribió a casos en los
cuales las personas pudieron probar que estuvieron detenidas sin
un debido proceso, o que fueron detenidas bajo un decreto especial
creado por la dictadura, o que habían sido detenidas por
la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), o bien que
habían sido acusadas en base a cargos por un crimen descrito
y estipulado por el régimen (por ej. ser miembro de un
partido político). Los que se presentaron ante la Comisión
tuvieron que demostrar que el régimen había violado
sus derechos humanos en concordancia con lo establecido por leyes
nacionales e internacionales. Aquellos que presentaron su testimonio,
sean éstos sobrevivientes o parientes sobrevivientes de
difuntos, tenían por lo tanto que probar el fundamento
político de su detención.
Mientras
que cada testimonio se guiaba por un formulario pre-establecido,
de modo que cada persona pudiese cumplir con ciertos estándards
de información requerida, todos debían adjuntar
documentación que estableciese la motivación que
originaba la detención de la persona. La evidencia se basaba
en testimonios de testigos, registros de centros de detención,
como también cualquier otro registro de instituciones del
estado, organizaciones de derechos humanos, información
en los medios de la época, organismos internacionales e
instituciones de las fuerzas armadas.
Sin embargo, la Comisión no utilizó un enfoque
investigativo en el cumplimiento de su labor. De hecho, las partes
interesadas - tales como las agrupaciones de familiares, expertos
en derechos humanos, líderes morales o religiosos - tuvieron
que solicitar reuniones con la Comisión si es que
querían que su voz fuese escuchada. Esta forma de trabajo,
que 'resuelve el problema dejando fuera a la gente' que ha sido
ya sea la más afectada por los hechos o que ha trabajado
en el tema por mucho años, pareciera estar en desacuerdo
a 'mucho de lo que se ha escrito acerca de sociedades que vienen
saliendo de períodos de violencia política, enfatiza
que todas las voces han de ser escuchadas, si es que queremos
confrontarnos seria y responsablemente con el pasado' (5)
.
¿Por
qué surge ahora la Comisión?
La
Comisión surgió trece años después
del Informe Rettig. Aún cuando quizás no sea posible
indagar cabalmente acerca de las razones por las cuales se la
implementó, es posible identificar hechos recientes que
han contribuido a la creación de nuevos espacios en los
cuales es posible abordar las violaciones a los derechos humanos.
Por
ejemplo, parecería que hay consenso en que la Comisión
se constituyese luego de que se le imputaran cargos de tortura
al General Pinochet en Europa. Mientras Pinochet estuvo detenido
en Londres, el gobierno chileno argumentó que el tema de
las violaciones a los derechos humanos tenía que ser abordado
a nivel nacional y no internacional. Una vez que éste fuera
liberado, una secuela de hechos se han ido desencadenando en el
ámbito de los derechos humanos. Por ejemplo, se le ha despojado
a Pinochet de su inmunidad y el Juez Guzmán ha continuado
el procesamiento en su contra ante los tribunales chilenos.
Al
mismo tiempo, otras causas han avanzado y han terminado en el
encarcelamiento de varias figuras significativas durante los tiempos
de la dictadura. Por ejemplo, el jefe de inteligencia del general
Pinochet, Manuel Contreras, junto a un centenar de anteriores
oficiales policiales y militares han sido procesados por su involucramiento
en violaciones a los derechos humanos durante los primeros cinco
años de la dictadura (6). Están
recluidos en Punta Peuco, una prisión con privilegios construida
con el fin de mantener encarcelados a violadores de los derechos
humanos. En el año 2003, una corte civil de Florida (USA)
sostuvo que un antiguo oficial militar, Armando Fernández
Larios, era culpable de la tortura y muerte del economista Winston
Cabello. Se dispuso que Fernández pagase US$ 4 millones
de dólares de indemnización.
Más
recientemente, un informe del Senado de los Estados Unidos del
2005 indicó que Pinochet controlaba 128 cuentas bancarias
en los Estados Unidos. Utilizando nombres falsos para abrir las
cuentas, se piensa que mantenía más de US$ 19 millones
de dólares en impuestos no declarados. En tanto que tales
informes actúan como una denuncia internacional acerca
de las actividades ilícitas del General Pinochet, grupos
al interior de Chile han buscado la forma de avergonzar a los
violadores de derechos humanos en su propio entorno. El grupo
conocido como 'Funa', por ejemplo, individualiza en público
a los violadores de derechos humanos. Este grupo ha expuesto los
casos con pruebas contundentes y ha puesto en evidencia la falta
de justicia y de responsabilidad frente a esta violaciones.
Con
tal tipo de eventos (7) , el gobierno chileno
ha encontrado una nuevo y más seguro espacio en el cual
poder imputar responsabilidades por los delitos cometidos. Al
comienzo de este nuevo milenio, violadores a los derechos humanos
han mantenido una menor influencia tanto en la política
chilena como también en materia legal. Aún más,
Chile se ha empeñado en mantener una buena imagen internacional
y un status como país que ha enfrentado adecuadamente su
pasado.
La Comisión
se constituyó en este contexto. Sin embargo, los mismos
Consejeros de la Comisión se han cuestionado el significado
que puede tener un Informe escrito 30 años después
de que los hechos hayan ocurrido. Como ellos señalan:
Después
de meses de escuchar relatos íntimos, susurrados, relatados
con dolor y hasta con llanto, y de ver las marcas físicas
y psicológicas, así como las lesiones familiares
y sociales - algunas sin reparación posible que restituya
lo perdido - de tanto chileno y chilena preso y torturado, no
nos asiste la menor duda que esta parte de la verdad también
nos era debida para completar, de la mejor manera posible, la
reparación y la justicia que el país le debe a estos
hermanos y hermanas, para avanzar por la senda siempre difícil
y necesaria del reencuentro y la reconciliación entre los
chilenos (8).
Para
los miembros de la Comisión, el Informe surgió
de la continua necesidad de enfrentar los temas nacionales pendientes
de verdad, reparación, justicia y reconciliación.
La
contribución de la Comisión a los procesos
de verdad, reparación, justicia y reconciliación
Este
artículo se volcará ahora a hacer una evaluación
preliminar con respecto al cómo la Comisión
se ha manejado con respecto a esos aspectos. A saber: verdad,
reparación, justicia y reconciliación. Aspectos
que han sustentado su funcionamiento.
Verdad
El
impacto que tiene el reconocimiento oficial del uso masivo de
la tortura durante la dictadura no puede ser negado. Ver la extensión
que tiene la lista de víctimas torturadas es sobrecogedora.
Sin embargo, reflexionando, la lista en sí misma no puede
reducirse a la única expresión de lo ocurrido. La
decisión de que los testimonios no puedan ser revelados
en los próximos 50 años asegurará que la
verdad expuesta sólo sea parcial. Aún cuando sea
posible que algunos sobrevivientes tengan la habilidad de hacer
público su sufrimiento, la mayoría no lo hará.
El que no se entreguen los testimonios detallados significará
que la población chilena no tenga cómo comprender
la diversidad de formas en que se sufrió la detención
y la tortura.
La
verdad acerca de la tortura también se pone a prueba por
cuanto las listas entregan detalles de los torturados pero no
identifica a los torturadores. Aquellos que sufrieron la tortura
son los únicos que son expuestos en este proceso de búsqueda
de verdad. Esto ha dado pie a fuertes críticas con respecto
al Informe. Después de todo, en una situación política
tan estable y segura, uno se pregunta: ¿Por qué
la Comisión ha seguido protegiendo a los torturadores?
Si una instancia oficial como ésta no puede enfrentar la
verdad como un todo, ¿quién lo puede hacer, entonces?
En respuesta a estas omisiones se ha evacuado un Contra Informe.
Lo ha hecho un grupo de ex-pres@s polític@s de Santiago
a modo de poder investigar y castigar a quienes torturaron, como
también a aquellos que apoyaron el uso de la tortura (9)
. Tales acciones son un intento por restarle valor al status del
cual gozan los torturadores en la sociedad chilena - acción
que debiera ser asumida por el gobierno.
Dada la falta de reconocimiento oficial acerca de los torturadores,
los autores de torturas han continuado diseminando sus mensajes
y amenazas a la población. Algunos oficiales de las Fuerzas
Armadas han dicho que la tortura es una aberración, sólo
atribuible a individuos u oficiales indisciplinados. Por ejemplo,
Rodolfo Stange y Fernando Cordero, altos oficiales de carabineros,
han expresado que no tienen motivo alguno por el cual pedir perdón.
Cordero ha llegado tan lejos como para argumentar que quienes
deberían pedir perdón son aquellos que tuvieron
responsabilidad en los hechos anteriores al 11 de septiembre de
1973.
Por
último, a pesar de reconocer el gran número de personas
que se acercó a dar su testimonio, debemos también
tomar en cuenta que hay muchos más que no lo hicieron.
Por ejemplo, en lo que respecta a la información que hemos
reunido (10), en algunos países sólo
unas pocas personas dieron su testimonio en un Consulado chileno,
en tanto que la mayoría acordó colectivamente no
involucrarse en este proceso. En lo que a estos grupos respecta,
a los representantes oficiales del gobierno no se les puede confiar
que representen fehacientemente sus intereses. El temor y la desconfianza
están aún presentes en sus vidas.
(i)
Reparación
La
misma Comisión ha señalado que el daño
infligido en contra de las víctimas de la tortura no puede
ser adecuadamente reparado ni restituido. A modo de gesto simbólico,
cada víctima identificada recibirá un monto mensual
equivalente a 112 mil pesos (US$ 190), igual para cada persona
consignada. Este monto no ha sido criticado por los partidos de
derecha de Chile, pero sí lo fue por Gonzalo Martner, el
anterior presidente del partido Socialista de Chile quien señaló
que 'el monto a pagar ha de ser proporcional al sufrimiento ocasionado'.
Actualmente el monto a recibir por parte de una persona que estuvo
detenida una semana es el mismo que por haberlo estado varios
años.
La
reparaciones no han de remitirse tan sólo a pagos materiales.
La Comisión también ofrece medidas administrativas
y prácticas y el Informe señala que las víctimas
recibirán beneficios de salud, educación y de vivienda.
Dada la realidad de que la mayoría de las víctimas
tiene más de 50 años, pareciera ser que el ofrecer
educación puede promover buena voluntad y con un mínimo
de costos.
La
petición del Presidente de que las víctimas contribuyan
con su reparación a los fondos de una Fundación
de Derechos Humanos establecida por el gobierno provoca consternación,
por decir lo menos. La idea de que esta Fundación Nacional
de Derechos Humanos pueda estar solventada con aportes de víctimas
de la tortura, sin solicitar a los personas responsables de las
torturas a que también contribuyan, parece inapropiado.
No olvidemos que los reponsables de la tortura han recibido buenos
sueldos y jubilaciones por más de 30 años, mientras
que las víctimas han tenido que esperar mucho antes de
recibir un monto simbólico.
(ii)
Justicia
Como
se ha detallado anteriormente, se les ha dado un status protegido
tanto a los individuos como a las instituciones responsables de
la tortura. Los responsables no han sido nombrados en el Informe
de la Comisión y el congreso chileno aprobó
una ley en diciembre del 2004 en la que se asegura que los testimonios
sobre tortura no pueden ser revelados en procedimientos judiciales
durante los próximos 50 años.
Queda
claro, entonces, que la Comisión no ha contribuido
en forma alguna a la interposición de acciones judiciales
contra los torturadores. Esto ha asegurado que el equilibrio de
poder se mantenga en Chile. No han perdido prestigio o status
los torturadores ni las instituciones responsables de la tortura.
Algunas personas incluso mantienen altos cargos de poder (11)
. Una decisión reciente de la Corte Suprema de Justicia
de Chile, en tanto a que los juicios de derechos humanos han de
ser agilizados y que los Jueces han de cerrar en 6 meses sus causas,
hace que las posibilidades de justicia se vean drásticamente
restringidas. Tales acciones debilitan la tarea de búsqueda
de verdad de la Comisión.
La
víctimas tienen derecho legal a la justicia con respecto
a las violaciones de las cuales han sido objeto. Sin embargo,
y sin lugar a dudas, tanto las acciones de la Comisión
como también las del Gobierno de Chile y la de los tribunales
con respecto al tema de la tortura indican que la justicia en
torno a la tortura no será respetada en Chile.
(iii)
Reconciliación
Con
los factores expuestos anteriormente se restringen las posibilidades
de reparación. La distancia entre víctimas y responsables,
junto con la falta de equilibrio en cuanto a poder y las concesiones
otorgadas a los responsables contribuyen a la creación
de una situación en la cual no se puede esperar que se
de la reconciliación. En misas de reconciliación
celebradas anteriormente en Santiago, las iglesias han estado
llenas de oficiales de las Fuerzas Armadas, políticos y
jueces, en tanto que la Agrupación de Familiares de Detenidos
Desaparecidos no ha sido invitada. Estuvieron afuera de esas iglesias.
Aquellas personas que fueron victimizadas no han visto ninguna
devaluación o degradación ya sea de la identidad
o del status de los ofensores.
Para
involucrarse en un proceso de reparación, todas las personas
han de tener conciencia y comprensión con respecto a las
diferentes posiciones. Esta será una posibilidad difícil
a la cual aspirar si es que la Comisión no publica
ampliamente sus conclusiones. La decisión de publicar el
Informe sólo via internet significará que quienes
lean el Informe serán inevitablemente aquellos que trabajan
en derechos humanos, académicos, quienes dieron su testimonio,
etc. Las limitaciones del acceso a internet significará
que muchos de quienes se presentaron a la Comisión
no tengan siquiera la oportunidad de leer el Informe final. Aún
más, quienes no quieran leer los resultados y los que no
sepan de su existencia, seguirán sin saber.
Desafiando
la Conspiración de Silencio con respecto a la Tortura
En
su Informe los miembros de la Comisión argumentaron:
'Importa
resaltar que los resultados del trabajo de la Comisión
habrían sido inalcanzables de no mediar la colaboración
de miles de víctimas, quienes, en muchos casos, por fin
se decidían a hablar de experiencias que nunca antes habían
referido. Ello permitió acabar definitivamente con la conspiración
de silencio sobre la tortura predominante por décadas en
el país (12).
Como
se ha argumentado anteriormente, dado el gran número de
personas que se acercó a la Comisión, queda
claro que un gran número de personas sí tuvo la
necesidad de reconocimiento oficial. Su silencio anterior no demuestra
una falta de voluntad de comunicar lo ocurrido por su parte, sino
por el contrario, muestra una falta de voluntad del Gobierno de
Chile como también de la sociedad para escuchar los testimonios
de tortura.
Sin
embargo, con este Informe los miembros de la Comisión
dicen que el silencio sobre la tortura se ha terminado. Dadas
las limitaciones del Informe que se han discutido anteriormente,
nosotras argumentamos y señalamos que a la sociedad chilena
le queda un buen trecho por caminar antes de que pueda hacer esta
afirmación. El silencio aún existe para los responsables
y las expresiones de quienes los apoyan, como también los
testimonios han sido manejados y administrados de tal manera que
el hablar acerca de la tortura ha sido re-apropiado con fines
políticos. Puede que nosotras reconozcamos que más
de 35 mil personas se hayan acercado a la Comisión con
testimonios sobre detención y tortura. Sin embargo aún
entendemos poco acerca del sufrimiento vivido por quienes estuvieron
detenidos y fueron torturados, el cómo los responsables
legitimaron sus violaciones y las estructuras que permitieron
que la tortura floreciera.
De
estas observaciones nace la necesidad de asumir más trabajo
en lo relativo a compartir estas preocupaciones con quienes se
acercaron a la Comisión. En especial se hace imperativo
que tomemos esta oportunidad para estudiar con quienes sobrevivieron
estas experiencias; qué piensan y cuáles fueron
sus experiencias con el trabajo de la Comisión.
Evaluar las repercusiones personales y sociales que tuvo el dar
testimonio de esta forma y ver qué necesitan aún
los sobrevivientes en términos de verdad, reparación,
justicia y reconciliación a modo de que puedan encarar
y confrontar su pasado. Haciéndonos estas preguntas tal
vez pueda llegar a comprenderse el valor real de las tareas de
la Comisión.
____________
(1)Roberta
Bacic es chilena. Investigadora de derechos humanos que actualmente
reside en Irlanda del Norte. Se encuentra en período sabático.
Su correo electrónico es: monitos@compadres.fsnet.co.uk
(2) Elizabeth Stanley es académica de
la cátedra de Criminología en la Universidad Victoria
de Wellington de Nueva Zelandia. Es contactable en: elizabeth.stanley@vuw.ac.nz
(3) Recopilación personal de Roberta
Bacic, Asistente de Investigación de la CNRR
(4) Ver: http://www.comisionprisionpoliticaytortura.cl/
(5) Bacic R (2002) 'Dealing with the Past:
Chile - Human Rights and Human Wrongs', Race and Class, Vol 44,
No 1, pp 17-31, en página 27.
(6) Estos juicios han estado basados en argumentos
legales relacionados con la ley chilena de amnistía de
1978.
(7) Para mayor información acerca de
estos eventos y otros similares, ver: http://www.hrw.org
(8) Comisión Nacional Sobre Prisión
Política y Tortura (2004) Síntesis del Informe,
página 7. (Todas las citas del Informe de la Comisión
corresponden a traducciones hechas por las autoras.)
(9) Ver: Coordinadora de Ex-Presas y Ex-Presos
Politicos de Santiago (2004) 'Nosotros, Los Sobrevivientes Acusamos',
at http://www.memoriaviva.com/tortura.htm
(10) De reuniones y entrevistas hechas con
refugiados políticos que no quieren ser mencionados. Marzo
y abril del 2005 en el Reino Unido, España y Nueva Zelandia.
(11) El Partido Comunista de Chile ha argumentado
que tanto los oficiales policiales como militares que aún
están en servicio y que participaron en torturas, han de
ser expulsados de sus puestos de trabajo.
(12) Comisión Nacional Sobre Prisión
Política y Tortura (2004) Síntesis del Informe,
página 11
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