Dar
vuelta la hoja
Dieter
Maier*, Abril 2008
Chile
zanja el tema de los asesinatos y torturas cometidos durante la
dictadura de Pinochet
En
Chile la justicia responde a la política y que hace de
equilibrista entre el extendido deseo de olvidar los crímenes
de la dictadura pinochetista (1973-1990), la presión de
los sobrevivientes y familiares de los detenidos desaparecidos
y ejecutados por saber la verdad y la intromisión de los
políticos y los militares en ésta. Los jueces locales
dictan sentencias que son anuladas por las instancias de apelación.
Los procesos se dilatan por años o décadas.
En
el año 1976, la agente de la DINA Gladys Calderón
asesinó con inyecciones de cianuro potásico a los
dirigentes del Partido Comunista que habían sido detenidos
meses antes y torturados. En diciembre de 2007, cuando ya había
decaído el impacto en los medios de comunicación,
fue liberada provisionalmente tras haber cumplido sólo
un año de cárcel. Su proceso continúa. De
la misma forma, en medio de los feriados de diciembre, la Corte
Suprema redujo las condenas de los inculpados de la masacre de
22 opositores a la dictadura de Pinochet acaecida en el año
1978. Los prisioneros habían sido llevados a Colonia Dignidad,
formados al borde de una zanja y acribillados. Cuando Pinochet
ordenó posteriormente la eliminación de todos los
sitios secretos de inhumación de cuerpos, los colonos alemanes
debieron desenterrar y quemar los restos descompuestos. No sabían
cómo quemar huesos y experimentaron durante semanas con
NAPALM y petróleo.
El
principal responsable de esta masacre, Hugo Cardemil, también
comandó otra masacre, la que tuvo lugar en Cerro Gallo,
un monte ubicado en las proximidades de Colonia Dignidad. La Colonia
fue la central de mando de una operación militar de gran
envergadura y esta masacre nunca ha sido investigada judicialmente.
No hay duda de que efectivamente sucedió: el líder
de la secta, Paul Schäfer, siempre se lamentaba de ello ante
su comunidad, no obstante, atribuía la responsabilidad
a otros. Un ex colono recuerda que las unidades militares chilenas
entonaban cantos guerreros alemanes cuando acampaban en el enclave.
El colono alemán, Gerhard Mücke, que abrió
la zanja donde estaban enterradas las 22 víctimas y la
volvió a tapar, Hartmut Hopp y Kurt Schnellenkamp, todos
ellos estrechos colaboradores de Schäfer, fueron favorecidos
con la libertad provisional y han vuelto a vivir desde
hace algunos meses en la colonia. Albert Schreiber, quien fuera
durante mucho tiempo el segundo en importancia en la colonia,
vive actualmente en Alemania. La fiscalía de Bonn ha iniciado
un sumario en su contra, sin embargo, hasta ahora no ha logrado
dar curso a una orden de detención.
La
Policía Civil se encuentra ante la encrucijada de olvidar
o agotar la investigación. El Departamento Quinto de la
Policía de Investigaciones está a cargo de muchas
de las pesquisas sobre violaciones a los derechos humanos. El
jefe del Departamento Quinto era Luis Henríquez
y, su superior, fue Nelson Mery, acusado de participar en torturas
después del golpe en la Escuela de Artillería de
Linares. Henríquez trabajó bien y fue alejado de
su cargo. Su sucesor, Rafael Castillo, y su equipo de especialistas
lograron aclarar muchos de los crímenes de Pinochet. Algunos
de los hechos que lograron reconstruir se desvanecen ante una
interminable espera de justicia. En el año 2005 Castillo
logró detener a Manuel Contreras, el ex jefe de la DINA,
arriesgando su vida. En 2007 consignó en un informe que
un general Miguel Trincado había encubierto los asesinatos
de la dictadura haciendo desenterrar en secreto los cuerpos para
posteriormente eliminarlos. Trincado exigió que se borrara
el respectivo párrafo. Castillo se negó a hacerlo
y fue separado de sus funciones, después incorporado nuevamente
ante las protestas de las organizaciones de Derechos Humanos y
al final fue llamado a retiro durante los días de Navidad
de 2007. Castillo ha informado de las trabas puestas a su labor
y de espionaje; incluso durante las exequias de su madre unos
desconocidos filmaron a quienes tomaban parte de la comitiva fúnebre.
Uno de sus colaboradores fue transferido al archivo. Entretanto
la Presidenta Michelle Bachelet destinó a Castillo a un
cargo honorífico en la Organización de Estados Americanos.
El
tira y afloja entre confrontar con el pasado y olvidarlo es una
consecuencia directa de la llamada transición dado que
no implicó un quiebre con la era de Pinochet sino, más
bien, un recambio negociado y consensuado de sistema. La impunidad
fue una de las condiciones exigidas por los militares para replegarse
a sus cuarteles. Esta condición fue relativizada especialmente
luego de la detención de Pinochet en Londres en 1998, pero
en muchos ámbitos se estipuló un hasta aquí
y basta. Si bien la justicia define la desaparición
como un secuestro que perdura hasta que la víctima aparezca
viva o muerta, después de 30 años se hace cada vez
más difícil presentar evidencias. Las víctimas
y los victimarios están muriendo, los hechores alegan incapacidad
procesal o, como último recurso, se apela a la obediencia
debida (conocida como el deber de obediencia en la Alemania
de después de la guerra) para obtener la remisión
de la pena.
Todo
esto nos recuerda a la Alemania después de Hitler. Los
lemas como olvidemos definitivamente el pasado y pongamos
un punto final o no todo lo que hizo Pinochet estuvo
mal son parte del argumento cotidiano en Chile.
Esta mentalidad abre el camino al revisionismo histórico
iniciado poco después del golpe cuando la Junta se asignó
el mandato político de la sana mayoría popular,
para terminar encontrando su expresión oficial en las memorias
de Pinochet El día decisivo, que justifica
el golpe de 1973 y el poder de 17 años del autor. En la
actualidad es el vehículo para el contraataque ideológico
a las revelaciones de los años noventa sobre la dictadura.
Miguel Krassnoff, un convencido ideólogo del servicio de
inteligencia de Pinochet, la DINA, ha publicado recientemente
un libro, Prisionero por Chile, en el cual tuerce
tan mañosamente los hechos que aparece finalmente como
víctima.
Después
de la detención de Pinochet, Chile tuvo la oportunidad
de conocer al dictador en su calidad de estafador y delincuente,
pero los respectivos procesos fueron dilatados por tanto tiempo
que finalmente no concluyeron con una sentencia. El Chile actual
ya no se interesa por él. Se conocen cerca de 500 lugares
que sirvieron como centros de tortura y asesinato, sin embargo,
prácticamente no existe una cultura de memoriales en torno
a esos lugares del horror. La única excepción es
el Parque por la Paz levantado sobre el terreno aplanado
del ex centro de torturas Villa Grimaldi y construido gracias
a una iniciativa privada.
Pinochet
logró atomizar la sociedad chilena: cada cual cuida primero
sus intereses. Ante la solidaridad, a la cual apelaba el gobierno
de la Unidad Popular de Salvador Allende (1970-73), se exacerba
la competencia de todos contra todos. A costa del olvido, la sociedad
chilena se contenta con un nuevo sentido de comunidad. Por ejemplo,
cada vez que rebrotan conflictos fronterizos antiquísimos
con el vecino Perú se apela al interés nacional.
Con este argumento el gobierno de Chile envió a los ex
ministros de Pinochet, Miguel Schweitzer y Hernán Felipe
Errázuriz, a participar en un grupo de trabajo chileno-peruano
que buscará dirimir el problema fronterizo en La Haya.
Con
tanta reconciliación fútil, el país se hunde
en una amnesia colectiva.Sin embargo, siempre resurgen repiqueteos
del pasado que alteran la armonía nacional. En octubre
de 1973, el joven teniente Santelices registró en el libro
de guardia en la ciudad de Antofagasta la entrega de 14 prisioneros
a una unidad del ejército, que más tarde se conocería
como la caravana de la muerte. La DINA surgió
de tropas como ésta. Los 14 prisioneros fueron asesinados
la misma noche en el desierto, siendo este hecho el comienzo de
la política de aniquilamiento contra la izquierda. Santelices
afirmó que actuó obedeciendo órdenes. Sin
embargo tubo que retirarse del servicio activo. Su jucio esta
pediente.
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Una versión alemana de este artículo ha sido publicada
en la revista Lateinamerikanachrichten, Berlin, No. 3/2008