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Bienvenida
la Ingerencia
Patricio
Orellana Vargas
*
El Informe sobre Derechos
Humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos ha sido
fuertemente rechazado por los gobiernos latinoamericanos afectados.
El mencionado informe
al referirse a casos como el asesinato de Digna Ochoa y reconocer
que en México siguen existiendo violaciones a los derechos
humanos y corrupción generalizada de la policía y
el ejército ha despertado la indignación de las autoridades
de dicho país. El presidente de la Comisión Nacional
de Derechos Humanos, José Luis Soberanes declaró que
este informe "constituye una inadmisible forma de intromisión
en asuntos mexicanos" (Diario de Monterrey, La Jornada, Reforma,
México).
Una reacción similar
ha ocurrido en El Salvador, donde los derechos humanos y el funcionamiento
de la justicia son cuestionados por muchos sectores. En este país,
el
presidente de la Corte
Suprema de Justicia, Agustín García Calderón
calificó el informe como "irrespetuoso" (El Diario
de Hoy, El Salvador)
En Chile, el presidente
Lagos se sumó a estos rechazos y declaró que un país
soberano no pude admitir injerencias externas. En el caso chileno
el informe destaca las condiciones de hacinamiento en las cárceles
del país, lo que es un hecho evidente, que el mismo presidente
reconoció, señalando que se están construyendo
nuevas cárceles para resolver el problema.
Aparentemente, resulta
inaceptable que otro país emita juicios sobre la situación
de un país soberano y estaríamos en presencia de una
actuación típicamente imperialista. Sin embargo, hay
que considera otros elementos, como recordar que en el caso chileno,
durante la dictadura militar, los defensores de los derechos humanos
recibían con gran beneplácito este tipo de informes
e incluso se admiró y aplaudió la actitud comprometida
de algunos embajadores, como los de Noruega, Suecia e Italia, que
contribuyeron efectivamente a salvar muchas vidas en actos que el
gobierno militar calificaba de "injerencias indebidas en la
política de un país soberano".
Es lamentable observar
que las declaraciones del presidente Lagos coinciden con gobiernos
donde se violan los derechos humanos, por una parte, y por la otra
se utilizan los mismos argumentos de la dictadura. Esta posición
de exaltar la soberanía es totalmente añeja. Nadie
duda que hay un proceso de globalización, el que a pesar
de tener muchas facetas negativas, conlleva otras positivas, como
la universalización de los derechos humanos. Los derechos
de la persona ya no son ni deben ser exclusivamente preocupación
del Estado en cuyo país vive el afectado, sino que es y debe
ser preocupación y responsabilidad de todas las personas
y de todos los estados.
Insistir en la soberanía
aislacionista es entender que la violación o respeto de los
derechos humanos es competencia de cada país. Es reiterar
la posición de la dictadura militar y que hoy levanta como
bandera la derecha política.
La excusa del gobierno
chileno es que quienes deben preocuparse de estos temas son los
organismos internacionales, pero simultáneamente, declara
que no es partidario de condenar a Cuba en la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas por violaciones a los derechos
humanos, no porque ellas no existan, sino porque esas condenas son
inútiles.
En resumen, la lógica
gubernamental es que las violaciones a los derechos humanos son
de injerencia del país y en segunda instancia de los organismos
internacionales, pero como éstos son ineficientes, la conclusión
obvia es que sólo queda la bandera de Pinochet de la no injerencia.
Muchos pensábamos
que Chile, que vivió la terrible experiencia de la violación
sistemática de los derechos humanos, empezaría a jugar
un rol destacado en la defensa de estos derechos en el mundo. El
balance de estos años de democracia es que se sigue aplicando
la doctrina Pinochet de no injerencia.
La paradoja que estamos
viviendo es que el líder de la derecha asume clara injerencia
en los asuntos cubanos, mientras el gobierno navega en las ambigüedades
y contradicciones sobre estos temas.
Hay muchos cientistas
políticos que ven una derechización del país
y algunos líderes de gobierno parece que piensan que derechizarse
puede acarrear más votos. Para ellos los principios y el
compromiso contra un pasado de violaciones a los derechos humanos
no es rentable.
La lección sugerida
a nivel de persona es que si Ud. ve a alguien pegándole a
un niño, debe abstenerse de intervenir. Si hay violencia
familiar, ya lo sabe, no se meta en los asuntos ajenos a su familia.
Pensamos exactamente
al revés, cada uno debe tener injerencia en lo que está
ocurriendo frente a sus ojos y Chile debe aceptar la opinión
de otros países- incluso del "odiado imperialismo yankee"-
ahora, antes y mañana. Y también como país
tenemos el deber de expresar nuestra opinión cuando hay constancia
de que se están violando los derechos humanos, incluso en
países como Estados Unidos y esto se debe hacer como país
y también en los organismos internacionales, por lo tanto,
igualmente debemos aceptar y valorar la preocupación de otros
países sobre la vigencia de los derechos humanos en el nuestro.
*
Profesor de ética, Universidad central de Chile.
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