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Nuevamente,
un saludo a Benito Ramírez, Todossantero
Rainer
Huhle
Desde que en 1989 se
fundara el Centro de Documentación e Información sobre
Derechos Humanos en América Latina, (DIML) su logotipo que
aparece también en la tapa de la revista "memoria",
ha sido una fotografía de Benito Ramírez del pueblo
guatemalteco de Todos Santos Cuchumatán. En el número
1/2 de "memoria", de 1990, explicamos la historia de esta
foto, tal como la conocíamos en ese momento por la información
ofrecida en el libro de fotografías tomada por Hans Namuth.
También explicábamos el motivo porqué la elegimos
como símbolo de nuestros esfuerzos de rescatar la memoria.
En el número 10
de la revista, aparecida en 1998, contamos la historia de cómo,
con la ayuda del profesor Robert Sitler de Florida, Estados Unidos,
nos enteramos de que quien hasta entonces sólo era una fotografía
para nosotros, seguía con vida, y vida activa además,
en su pueblo natal de Todos Santos Cuchumatán en el norte
de Guatemala. Este año, por fin, tuvimos la oportunidad de
encontrar a Benito Ramírez en carne propia en su pueblo,
platicar largo rato con él, escuchar su historia, la de Todos
Santos y también la de las fotos de Hans Namuth, quien hace
una década ya murió:
Nacido en 1915 en Alemania,
el joven Hans Namuth se hizo parte de un grupo antifascista en los
tiempos en que el partido nazi llegó al poder. Pudo huir
al tiempo, es decir a la edad de 17 años, a Francia. Más
tarde, junto con su entrañable amigo Georg Reisner fue a
la España de la guerra civil donde ambos trabajaron como
fotógrafos por el lado de los republicanos. Desesperados
por la represión comunista contra todo movimiento disidente
dentro de las filas de izquierda, ambos regresaron a Paris en 1937
donde fueron internados en 1939 al comenzar Alemania la guerra contra
Francia. Al final de viajes peligrosos por muchos países,
Namuth llegó finalmente a Estados Unidos. Su amigo Reisner
se suicidó.
Desde Nueva York, durante
muchos años Hans Namuth ha visitado el pueblo de Todos Santos,
tomando fotos de casi todos sus habitantes. Hans Namuth volvía
casi todos los años, siempre traía las fotos que había
tomado. Se las mostró a la gente y la gente entonces se recordaba,
de los trajes, de las fiestas, de como se emborracharon, se divertían
mucho, nos cuenta Benito. Un día vi a Hans y
a su esposa cómo estaban tomando fotos a distintas personas
en el Convento. Cada persona se presentó con diferentes motivos.
Unos se presentaban con animales, otros lo hacían con una
sonrisa. Entonces yo me dije, voy a tomar una foto diferente, y
como a mí me gustan los libros, me gusta mucho leer, tomé
unos libros que había allí en el Convento, los puse
a mi lado, coloqué otro sombrero y bueno, así salió
esa foto.
Las visitas de Namuth
a Todos Santos terminaron cuando la violencia en Guatemala se volvió
cada vez más sangrienta. ¿Cómo vivió
Benito Ramírez estos años en que gran parte del norte
de Guatemala quedó arrasada por las dictaduras militares?
La violencia en Guatemala es una historia bastante extensa,
difícil de hablar comenta pausadamente Benito. Los
años 1978-80 en Guatemala había mucha represión
y discriminación. Algunos líderes entonces tomaron
la decisión de reclamar, hablaron de los derechos del hombre
en la radio. Me acuerdo muy bien de un hombre que habló de
esto en la radio, y a los pocos días desapareció.
Todo aquel líder que hablaba en contra del gobierno, en contra
del ejército, era asesinado o secuestrado. En esa época
había en Guatemala los llamados escuadrones del muerte. Venían,
desaparecieron a la gente y no daban respuesta qué había
pasado. La gente era muerta por estos grupos.
Ante la represión
crecieron las filas de la guerrilla, también en la sierra
de Cuchumatán:
De esa manera no
era posible trabajar de una manera legal, había que trabajar
en la clandestinidad. Y había también unos Todossanteros
que entraron en eso, en el trabajo clandestino. Los pueblos que
se involucraron más fueron Huehuetenango, El Quiché,
Cobán y Chimaltenango, donde el 90 por ciento es indígena.
Comenzaron a hacer sabotajes, barricadas. El Ejército llegó,
y empezaron a matar a mucha gente inocente. Los que estaban involucrados,
lo sabían muy bien, estaban atentos a cualquier movimiento
del ejército, ellos no morían. La gente inocente era
la que murió.
En Todos Santos, cuando
uno pregunta a la gente sobre las víctimas, la respuesta
es por lo general que murieron unas 80 personas, y Benito Ramírez
lo confirma también. Consultando el Informe de la Comisión
de Esclarecimiento Histórico de la ONU, cuyos 12 tomos se
encuentran en la biblioteca municipal de Todos Santos, encontramos
43 víctimas de la violencia política entre 1980 y
1984, atribuídas todas menos tres a las fuerzas de la represión.
La visión de los todossanteros no sólo es distinta
en cuanto a las cifras, lo es también con respecto a los
autores. Yo pienso que un 60% murió por el Ejército,
un 40% por la guerrilla. Venía el Ejército, mataba
personas. Y a la vez, si alguien estaba con el Ejército,
también vino la guerrilla y mataron a las personas. Eran
dos bandos, ambos malos. Por eso aquí en Todos Santos la
gente no tiene confianza ni en la guerrilla ni en el Ejército.
Hoy día no tenemos confianza en nadie, opina Benito.
Pero víctimas
no eran solamente los muertos. Cientos de miles de pobladores tuvieron
que huir al otro lado de la frontera mexicana. Durante años
les tocaba sobrevivir en campamentos precarios, hostigados muchas
veces por las autoridades del país donde buscaban refugio.
Benito Ramírez no escapó del todo de esa situación.
Tuvo que salir también. El Ejército quemó su
casa, maltratron y amenazaron a su familia, se robaron todo su dinero.
No esperó más.
La madrugada del día siguiente salió rumbo a México
caminando más de 60 kilómetros sin parar hasta llegar
a la frontera. Pasó tres meses en México, no en un
campamento de refugiados, sino como otros tantos miles guatemaltecos
de manera individual, mezclándose con la población
indígena de Chiapas. No me podían identificar,
porque tengo los mismos rasgos de los indígenas allí
de Méjico, iba con el traje de ellos y pude vender producto
en el mercado, comenta Benito, con una sonrisa entre amarga
y burladora.
Cuando Benito volvió
a Guatemala, los tiempos todavía no habían cambiado.Era
un tiempo muy difícil, con amenazas y desconfianza. Tuve
la buena suerte de poder sacar mi salario de profesor todo el tiempo.
Seguí trabajando en el colegio, pero no había alumnos
en Todos Santos, estuve dando clases en una aldea y trabajando en
la supervisión.
Hoy, sin embargo, en
la visión de Benito los tiempos han mejorado. En aquel
entonces no se podían tocar temas de política en la
escuela. Hoy en día, en cambio, sí ya tocamos estas
cosas. Hoy puedes criticar al gobierno, puedes hablar directo y
decir cosas que no les gusten, es muy distinto de la época
del 82. Con la firma de la paz, todo el mundo puede decir lo que
siente, sin recibir amenazas. Si bien hay muchas violaciones de
otras cosas, veo que hay bastante libertad de prensa en este momento,
nadie muere por sus ideas. La situacion en nuestro pueblo es tranquila,
estamos bien, no hay violencia política. La policía
se mantiene tímida, de eso no hay problema.
Y sin embargo, el alejado
pueblo de Todos Santos en la sierra de Cuchumatán, en abril
de 2001 entró a los titulares de la prensa nacional y hasta
internacional por un hecho de violencia poco común. De un
momento al otro, en pleno centro de la cabecera municipal, una muchedumbre
comenzó a atacar a un grupo de turistas japoneses, mató
a uno de ellos y también al conductor de bus que acudió
en su defensa. Estos asesinatos, que se inscriben en una larga serie
de linchamientos en gran parte del país durante los últimos
años, revelan algunas de las tensiones que se viven especialmente
en el campo de la Guatemala posguerra. ¿Qué había
sucedido? Escuchemos la versión de Benito Ramírez:
Todos Santos es
un pueblo pacífico, con muy buena gente, amable, y creo que
lo sigue siendo. No son agresivos, yo no culpo al pueblo de Todos
Santos por lo que pasó con el linchamiento del turista japonés.
Yo culpo a la
prensa nacional y la
radio nacional. Porque una semana antes se dijo que existía
un grupo religioso que practicaba el satanismo, y corría
la bola de que posiblemente Todos Santos era el lugar a donde irían
por su actuación. Entonces se decía que los niños
no fueran a la calle, que los padres se responsabilizaran de ellos,
en la prensa regional salieron estas cosas, yo tengo todavía
los recortes de la prensa. También hubo unas maestras monolingües
mam que atizaron el pánico. Mañana vienen los
satánicos, decían en las aulas, van a
sacar los corazoncitos de los niños. Se creó
toda una psicosis. La gente pensó incluso que actuaba muy
bien, que había defendido a su pueblo. Cuando se dieron cuenta
de su error, reaccionaron y reflexionaron. Después de los
hechos se habló mucho y preguntábamos quién
había perdido su niño, quién había sufrido
un daño por los supuestos satánicos, y nada. Todo
era falso, y la gente se dio cuenta y se arrepintió.
El primer mes
ya no vinieron turistas, pero hoy en día ya han regresado,
todo es normal. Fue un momento lamentable, por todos los chismes.
Hemos pasado por un mal momento. Pero ya ha pasado. Hemos consultado
con el alcalde, hemos reunido dinero para darle a la familia del
chofer que falleció por las agresiones. Si bien no lo fuimos,
nos sentimos culpables de ese linchamiento. Por eso yo creo que
es difícil que algo así hoy en día se repita
en todos Santos. Creo que la lección fue bien aprendida,
todos se arrepintieron de su actitud.
Lamentablemente las
personas que participaron directamente, se fueron a México
o Estados Unidos y allá están, mientras que acá
los que están en la carcel son los inocentes. Participaron
directamente en el linchamiento talvez unas 15, 20 personas, los
demás eran observadores. Hay algunos que están todavía
acá, yo los conozco, pero qué hay que hacer. Mejor
que Dios haga su justicia, pero yo no. A mi me preguntaron qué
sabía, pero no.
Benito Ramírez
no tiene mayor confianza en los caminos de la justicia terrenal.
Con mucho escepticismo observó también les esfuerzos
de esclarecer los crímenes del pasado. Como tantos guatemaltecos
trata volver la mirada de un pasado de horrores hacia un presente
y un futuro nada perfectos pero en todo caso mejor. No tiene confianza
ni esperanza en que la mirada hacia el pasado, el trabajo de la
memoria den frutos o puedan contribuir en algo de importancia para
un mejor presente y futuro.
Esto era un punto difícil
en la conversación para nosotros quienes desde el inicio
del Centro de Derechos Humanos hemos enfocado nuestro trabajo en
la importancia de la memoria y la lucha contra la impunidad. Pero
sabemos que el pensar de Benito Ramírez refleja el de muchos
guatemaltecos en un país donde el gobierno no hace caso ni
siquiera a los informes tan escrupulosamente investigados como los
de la Comisión de Esclarecimiento Histórico, CEH o
del Proyecto REMHI de la iglesia católica.
Veamos los puntos de
vista del profesor Benito Ramírez que cree en la pedagogía
más que en la justicia: En la biblioteca municipal están
los 12 tomos del Informe de la CEH. Desde la junta directiva de
la biblioteca yo soy el presidente de la junta
hicimos el pedido. Minugua está enviando estos libros a donde
se hacen pedidos. Pero la gente no se dio cuenta. El pueblo guatemalteco
es un pueblo en gran parte analfabeto. Ellos desconocen todos los
acuerdos de paz, los principios y los ideales de este acuerdo. No
ha habido un proceso de ilustración y educación sobre
eso. Sobre esto hay que trabajar bastante. Yo soy parte de ese esfuerzo,
quiero que la gente conozca cuales son sus derechos y obligaciones,
pero todavía no hay un programa que se dedique a este tipo
de orientación, la gente no sabe. Lo que ya pasó ha
pasado pués. No logramos nada con que los muertos vengan
o que se aclare. Es mejor trabajar no por el pasado sino por el
presente.
Cuando encontramos a
Benito en su pueblo, vestía el mismo traje tradicional que
lucía en la foto de Hans Namuth, con las ligeras modificaciones
que el pueblo ha aceptado en las décadas que pasaron desde
entonces. A mí me gusta usar mi traje tradicional
nos cuenta Benito - cuando yo visto otro traje, no me siento todossantero,
siento que no estoy completo.
No pudimos resistir
tomarle unas fotos en el mismo lugar donde 30 años antes
Hans Namuth había logrado sus tomas magistrales. El resultado,
como se puede observar, demuestra que la fotografía es un
arte que requiere algo más que una cámara y la luz
del altiplano, y que el maestro Namuth era dueño de ese algo
más. No importaba esto a nosotros ni a Benito. Todos estábamos
contentos de escuchar nuestras historias, de cómo fue lo
de las fotos de Hans Namuth, y cómo llegó la foto
de Benito Ramírez a la carátula de la revista memoria
de Nuremberg.?
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