Los
presos Inocentes:
Muchos condenados injustamente en parodias de juicios,
por jueces que desconocen las normas elementales de un debido
proceso
Esteban
Cuya,
Investigador del Centro de Derechos Humanos de Nuernberg, Alemania
1.
Torturados, encarcelados, condenados, por tener familiares tupacamaristas.
Esta
es una de las tantas irregularidades que exhibe el injusto sistema
judicial peruano, que después del autogolpe de Estado del
presidente Alberto Fujimori, de abril de 1992, está dominado
en los procesos por "terrorismo" por jueces sin rostro.
VERONICA
fue detenida por la policía en La Merced, el 6 de julio
de 1993, cuando sólo tenía 15 años de edad,
y defendía a su esposo, quien era maltrado por los policías.
Esta jóven desconocía que tres años atrás,
su esposo se había fugado del penal de Canto Grande, Lima,
junto con otros militantes del MRTA. Verónica había
conocido a su esposo en 1992, cuando él trabajaba como
empleado de una farmacia en Lima.
Al
momento de la detención, Verónica se encontraba
embarazada de dos meses, y posteriormente, en el penal de Huamanccacca,
Huancayo, dio a luz a una niña, con quien vive en la prisión.
Verónica sufrió brutales torturas de la policía
en La Merced, un departamento en la selva central del Perú.
Durante varios días la colgaron con sogas desde el techo
de la comisaría, le aplicaron descargas eléctricas
en su cuerpo, y varios policías la violaron repetidamente.
Después a Verónica se le diagnosticó SIDA,
lo cual ha sido confirmado con pruebas posteriores. Ninguno de
los policías que la torturaron y violaron ha sido sancionado
por los tribunales en el Perú. Actualmente el esposo de
Verónica sufre una condena de "cadena perpetua"
en el penal de Trujillo. El caso de Verónica es atendido
por el Centro de Estudios y Acción para la Paz, CEAPAZ,
de Lima. La historia de esta grave violación de los derechos
de Verónica se encuentra en las páginas 129 y 130
del libro "Los Inocentes Tienen nombre"
(APRODEH,
CEAPAZ, IDL, FEDEPAZ Lima, noviembre de 1995)
La
señora CARMEN CARDENAS MATA, y su hija MIRIAM QUISPE CARDENAS,
han sido condenadas a 30 años de prisión sólo
por ser esposa e hija de un militante tupacamarista. Ambas mujeres
fueron acusadas de cooperación con el MRTA, por su relación
familiar con el obrero de construcción Constantino Quispe
Caceres, conocido como "Espartaco", quien según
la policía, dirigió la excavación del tunel
de 338 metros, que el 9 de julio de 1990 permitió la fuga
de 47 tupacamaristas del penal de Canto Grande, Lima. No existen
indicios de alguna participación de la esposa y la hija
de "Espartaco" en actividades subversivas o terroristas.
Espartaco fue asesinado por miembros de Sendero Luminoso, cuando
había sido elegido dirigente comunal y quería trabajar
para dotar de agua potable y electricidad a su barrio en Lima.
Las dos prisioneras, acusadas de militancia tupacamarista, son
defendidas en Lima por el abogado Miguel Gonzales del Río.
La historia de este caso puede leerse en las páginas 358-359
del libro "Los Inocentes tienen nombre".
Así
como estos casos, existen actualmente muchos otros, de hombres
y mujeres, menores de edad, y ancianos, condenados a prisión
unicamente por la militancia tupacamarista de alguno de sus familiares.
Entre otros, podemos mencionar la injusta prisión de las
hermanas Elsa y Elvia Tenorio Torrejón, detenidas en Bagua
Grande desde enero de 1993.
2.
Condenados a cárcel por delitos inexistentes
El
señor TOMAS MENDOZA CRISANTO, obrero de la municipalidad
de Morropón, Piura, fue condenado a 20 años de cárcel,
acusado de ser tupacamarista por la corte Superior de Lambayeque,
quien se fundamentó en el hecho de que el acusado, además
de ser dirigente sindical, tenía su domicilio en el pueblo
joven "Luis de la Puente Uceda", nombre del lider de
las guerrillas peruanas de la década del 60. El señor
Mendoza es defendido por la Fundación Ecuménica
para el Desarrollo y la Paz, de Lima. Su caso es expuesto en la
pag. 241 del libro "Los Inocentes tienen nombre"
Otro
tribunal de "jueces sin rostro" condenó al estudiante
universitario EDWIN MOQUILLAZA VALDIVIA a 12 años de carcel,
bajo la acusación de ser militante tupacamarista. Como
prueba de su militancia los jueces se refirieron a dos videocasettes
hallados en su casa, con informaciones públicas sobre la
lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y el
derrocamiento del dictador Anastacio Somoza. Este caso se encuentra
en revisión. Moquillaza es atendido por la Comisión
Episcopal de Acción Social, de la iglesia católica,
CEAS. El caso se presenta en la página 11 de "Los
inocentes tienen nombre"
Igualmente
MARIO OCAMPO SALDAÑA, un técnico sanitario, detenido
el 14 de febrero de 1992, fue sentenciado a 15 años de
prisión, sólo por haber conducido en su motocicleta,
sin saberlo, a un militante tupacamarista, que compró un
stencil para luego, según la policía, imprimir un
folleto subversivo. Ocampo se encuentra prisionero en la carcel
de Picsi, Chiclayo. Su caso es atendido por la Asociación
Pro Derechos Humanos, APRODEH. La historia injusta de prisión
es presentada en la página 80 de "Los inocentes tienen
nombre".
El
profesor LIBORIO LOPEZ CURI fue condenado por "jueces sin
rostro" a 10 años de prisión, acusado de militancia
tupacamarista, por supuestamente haber brindado en 1992 alojamiento
y alimentación en su casa a un guerrillero que todavía
no ha sido capturado por las fuerzas policiales. La población
de Rodriguez de Mendoza, Amazonas, reclamó, junto con la
Comisión Episcopal de Acción Social, la liberación
de este profesor. Fue reconocido como inocente y liberado gracias
al trabajo de la Comisión de indultos.
El
señor DOMICIANO HERRERA GONZALES, dedicado a la ocupación
de radio- técnico y agricultor, paso dos años en
prisión, acusado de haber colaborado con el MRTA, reparando
un equipo de radiocomunicación que le entregaron los guerrilleros
que ocuparon la localidad de Ron, Utcubamba, el 11 de mayo de
1992. Inicialmente fue condenado a 20 años de prisión.
El Instituto de defensa Legal logró su liberación.
Estas
breves historias revelan que sí es posible, y aún
más, es necesario, que el gobierno peruano, apruebe una
ley de amnistía que permita la liberación de tantas
personas, condenadas como tupacamaristas, acusados de "subversivos"
y "terroristas", sin existir cargos concretos. Así
se abrirá un camino más para la pacificación
nacional que espera el pueblo peruano.
Nuernberg,
febrero de 1997.